Ayer se realizaron en Coahuila las segundas elecciones en medio de la pandemia por el COVID-19.
El día de la elección, la ciudadanía se reparte roles muy distintos. Hay papeles disponibles como votante, funcionario de casilla, capacitador electoral, encuestador, observador, representante de partido, líder o lideresa de colonia, abstencionista, acarreador, etcétera. Algunos actores son visibles, otros, pasan desapercibidos.
Para detectarlos en el panorama urbano, no basta con salir a la calle y observar la obra. Preguntando se llega a Roma, dice el refrán.
Por esa vía es fácil terminar en el bloque de colonias que conforman Nueva California, Villa California y Las Torres. Por unos años, en la década final del siglo pasado, esos fraccionamientos conformaban el nuevo Torreón. En ellos, la forma de interpretar la ciudad era muy distinta de lo que se vivía en el Centro, en los cuadros desde el Primero hasta el Cuarto de Cobián, o en los barrios del poniente, desde el Cerro de la Cruz hasta San Joaquín, o en los del sur, como la Eduardo Guerra o la Lázaro Cárdenas.
La expansión de la mancha urbana convirtió a tales sectores, cercanos a la Central Camionera, en una especie de puente entre el Torreón de siempre y los asentamientos que crecieron, a ritmo frenético, hacia el rumbo de Matamoros.
Hoy en día, sus características demográficas han vuelto a esa tercia habitacional un objeto de deseo de las fuerzas partidistas. La Villa California, por sí sola, es la cuarta colonia más poblada de la ciudad (el Rincón de la Merced, ocupa el primer sitio con 15 mil 500 pobladores).
Sus más de 10 mil 600 habitantes, sumados a los 6 mil de Las Torres, y a los 4,300 de la Nueva California (resultado de sumar los tres bloques de viviendas con ese nombre: uno es Nueva California a secas, otro Fovissste y el restante Infonavit) invitan a los partidos a hacer un esfuerzo extra.
Hay colonias más pobladas, sí, pero la gente de esta zona, casi homogénea, tiene la particularidad de que sale a votar en cantidades más que aceptables.
AFLUENCIA
La sección 1365, en Villa California, es un buen ejemplo de lo dicho. En ella se instalaron nueve casillas, seis en las instalaciones de la primaria José Santos Valdés y tres en el jardín de niños Beatriz Ordóñez.
En estos dos puntos de recepción de votantes la afluencia fue continua desde primera hora de la mañana y se mantuvo a buen ritmo a lo largo de la jornada, en especial en la primaria.
A propósito de la higiene, la forma de proceder fue irreprochable. En cada casilla había un responsable de formar a las personas conforme a la regla de la sana distancia. El gel antibacterial fue otro actor esencial de la cita con las urnas. También el líquido desinfectante para la mesa de la mampara electoral.
Con mayor actividad, sin embargo, aumentan las posibilidades de que surja algún incidente. En una de las casillas del kínder, la representante de una fuerza partidista se quejó de que a una persona mayor, que se condujo con malos modos, le fue permitido votar aunque no entregó su credencial para que fuera marcado el recuadro correspondiente al año de la votación. Otra queja fue que algunos de los electores depositaron las papeletas en la urna equivocada.
"Votaron en la Contigua 7, pero echaron los papeles en las urnas de la Contigua 6", comentó.
Mención aparte merece personal de los institutos electorales incapaz de orientar a personas que llegaban a preguntar dónde estaba la casilla que les correspondía.
A una adulto mayor, un personaje uniformado con chaleco del INE la dejó esperando sobre la vía pública bajo el Sol de las dos de la tarde mientras iba a buscar a un supervisor que posiblemente podría dar una respuesta acertada.
Tras 15 minutos de espera, la señora empezó a desconfiar de que el enchalecado fuera a volver. Un encuestador se acercó a ella pensando que ya había votado. Al enterarse de que estaba buscando el sitio donde entintar el pulgar, el joven sacó su celular y entró en la página de Ubica tu Casilla del Instituto Nacional Electoral. Ingresó el Estado y el número de sección que venía en la credencial de la mujer. El domicilio apareció al instante.
ENCUESTAS
Los encuestadores de salida vivieron su propio proceso electoral. Si bien mucha gente les ayudó a cumplir con su cometido (obtener una imagen parcial del proceso), tuvieron que pasar malos ratos con votantes que "se ponen al brinco".
Como si abordar a los electores con el riesgo de recibir una mala respuesta no fuera suficiente, relató una joven encuestadora, representantes de partido también los vieron con malos ojos. "Una persona de Morena se puso a grabarnos con el celular, tuvimos que interrumpir nuestra labor".
Cabe mencionar que la joven, y el equipo del que formaba parte, traían a la vista las credenciales autorizadas por la autoridad electoral y realizaban su función fuera de los planteles donde se instalaron las casillas. "Hay muchos que comprenden la naturaleza del ejercicio, otros no tanto", expuso.
Los políticos, desde luego, tuvieron su propia visión de las encuestas de salida. A falta de un par de horas para el cierre de la votación, por WhatsApp comenzaron a circular gráficos triunfalistas.
Las imágenes coincidían en mostrar escenarios cerrados, apenas tres, cuatro o cinco puntos de distancia entre el puntero y el segundo lugar. Una cosa sí era constante, el probable ganador era del partido en el que militaba el emisor del mensaje.
CIUDADANOS
Centrados en la elección de alcalde torreonense, varios ciudadanos expusieron que la inseguridad y la falta de agua son los principales problemas de las Californias y Las Torres. En estos fraccionamientos, como en muchas otras zonas de la ciudad, es obligado instalar bomba para jalar agua a su tinaco.
La inseguridad se manifiesta principalmente a través de robos. "Se llevan hasta los focos". La principal pregunta de los sondeos a pie de los centros de votación no fue por quién habían votado, sino si pensaban que su elegido, en el caso de que gane, hará algo por mejorar el suministro de líquido o para que disminuyan los robos en estas zonas.
Las respuestas fueron de tres tipos. La mayoría dijo que "no", es decir, quien llegue no resolverá el tema del agua en las colonias con desabasto o sometidas al régimen del tandeo, ni conseguirá incrementar la seguridad. Otros, más optimistas, dijeron confiar en que habrá alguna mejora. Quienes respondieron "sí" fueron escasos.
Los argumentos del "no" se basan, principalmente, en la experiencia. Porque llevan 10, 15 o 20 años viviendo en tal o cual sector y la situación no ha cambiado.
A eso cabe agregar lo que mencionan varios analistas políticos. Los alcaldes se han convertido en meros administradores de nómina.
Los números suelen validar esta percepción. En Torreón, para este 2021 se autorizó un presupuesto de 2.7 mil millones de pesos. De esa cantidad, 2.4 mil millones se etiquetaron para gasto corriente (nómina, pago de servicios básicos, compras de insumos, arrendamientos, entre otros conceptos). El resto es lo que puede emplearse en conceptos que inciden en la calidad de vida de la población.
A inversión pública se destinaron 240 millones divididos en dos conceptos: 125 millones asignados a construcción de obras para abasto de agua, petróleo, gas, electricidad y telecomunicaciones; y 115 millones a gastar en dividir terrenos y construir obras de urbanización.
DERRAMA
Hablando de números, aspecto destacado de todo proceso electoral es la derrama económica. Para los encuestadores de salida, la remuneración ofrecida fue de 900 pesos más la comida.
A un coordinador general de partido (encargado de supervisar a los representantes de una fuerza partidista en varias casillas) le tocó un jornal de 2 mil pesos. A sus coordinados no les fue tan bien, les garantizaron una cantidad entre 500 y 1,200 pesos dependiendo de los resultados que se extrajeran de las urnas.
Otros actores de la cita con las urnas fueron los transportistas que salieron a mover votantes. Con ellos se manejaron remuneraciones desde 600 hasta mil pesos. En algunos casos se agregaron apoyos para gasolina.
Datos así surgen en un día de platicar con los actores, algunos más visibles que otros, de la jornada comicial en un sector bullicioso, donde la gente sale a votar, a marcar diferencia en el conteo final aunque el resultado no haga lo mismo por resolver los problemas que los aquejan el resto de los días.
PESOS
más la comida fue el pago para los encuestadores de salida.