El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, recibió antier al presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel para presenciar el desfile del día 16. Hoy asistirá con otros jefes de estado latinoamericanos a la VI Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribe que desde hace tiempo no se reúne.
Al calor de algunos jefes latinoamericanos de tendencia izquierda el presidente López Obrador ha sentido este momento propicio para dar curso a su inquietud largamente acariciada de restarle presencia a la OEA, organización fundada hace casi cien años como Unión Panamericana y que ha sido la correa de transmisión de Estados Unidos con los países Latinoamericanos. El canciller Ebrard declaró recientemente "Adiós OEA en su sentido intervencionista, injerencista y hegemonista y que venga otra organización que construyamos políticamente en acuerdo con Estados Unidos".
Se trata de reformar la OEA para asegurar que represente a los estados latinoamericanos y deje atrás su anacrónico encargo pro norteamericano. Esta intención trae a la memoria a nuestro embajador Vicente Sánchez Gavito cuando votó contra la exclusión de Cuba de la OEA. México siempre ha desaprobado el bloqueo económico que Estados Unidos decretó contra Cuba. Se entiende la posición de defender como un principio el derecho que asiste al régimen castrista a disentir de Washington, pero esto cobra sentido cuando hay algo propio que sostener más allá de reforzar una posición política.
No basta con reiterar que nuestra actitud puede ser válida, pero es insuficiente en estos tiempos de gran confusión internacional de valores referidos a ideologías., Hace falta actualizar y convertir nuestros propósitos en acciones concretas que realmente favorezcan el bienestar nacional y de nuestros hermanos de cultura.
Puede acreditarse la intención de AMLO de llevar a México a un comportamiento sintonizado con la ambición popular que sea completamente distinto al esquema capitalista empresarial generalizado en el mundo que ha endurecido la brecha entre ricos y pobres. La muy prometedora izquierda siempre ha sido incapaz en todo el mundo de cumplir sus promesas a la sociedad. Los pueblos lo saben porque han sufrido esa confirmada incompetencia.
Una nueva asociación continental, distinta de la OEA, ¿Inaugurará con la piedra filosofal, el método que remedie pobreza, enfermedad e ignorancia en el continente? ¿Extirparía la corrupción?
América Latina, colección de países que en algún momento pudo verse a sí misma como una nación, ha caminado en paralelo proyectos de unidad regional. En el Siglo XIX México-Centroamérica o bien la Gran Colombia En el Siglo XX, la ALALC. Las asociaciones y acuerdos continentales: los mercados regionales y ahora CELAC. Las sendas han sido orgullosamente distintas.
Las carencias que sufren los pueblos latinoamericanos, empezando por los del mexicano, no provienen tanto de las ideas a que se afilian los gobiernos sino de la criminal irresponsabilidad con que ellos han traicionado los compromisos que asumieron al llegar al poder ya sea por golpes de estado o por las vías democráticas electorales.
Los países de América Latina no hemos respetado ni menos aún construido nuestras estructuras sobre las vastas oportunidades que pudieron haber aprovechado. Siempre se ha visto aplazado el progreso de todos por culpa de los pocos ambiciosos de poder y los muchos entregados a la corrupción. La historia del atraso latinoamericano poco tiene que ver, pues, con ser miembro de una u otra asociación regional.
La intención de liberar a la OEA de su influencia norteamericana es argüible e interesante pero en inútil. Crear una organización en un supuesto exclusivamente latinoamericana dará gusto a los actuales gobiernos de vocación izquierda. No hay garantía, empero, de que esa ideología perviva, que sea permanente. Por el momento Brasil se mantiene atento a la propuesta de México. No todos los países se han manifestado en favor. La frase con que se ha lanzado el tema dejó margen a que baste que los miembros impidan a la OEA su tradicional papel de agente de intereses norteamericanos. Los Estados Unidos están en un momento en que lo que más puede interesarles es que la América Latina los respalde sólidamente con prosperidad y desarrollo en su rivalidad cada vez más crucial con China.
Hay que evitar que México sea llevado a un puerto inseguro en los conflictos internacionales que se avecinan entre las dos hegemonías. Nuestra primera obligación es con el pueblo que espera del gobierno mexicano políticas socioeconómicas que le aseguren un nivel digno de vida con que, así fuerte, pueda jugar un papel solidario con los muchos pueblos que piden ayuda, comprensión y solidaridad humana.
Es ese el objeto que debe orientar nuestra actividad latinoamericana. No perder tiempo en batallas que, por experiencia, sabemos son efímeras.
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