En un principio los árboles no tenían hojas.
Sus ramas se recortaban contra el azul del cielo como negruzcos dedos esqueléticos.
Pero sucedió que el Creador hizo a Eva.
Eso fue lo mejor que pudo suceder.
A los pocos días de creada dijo ella:
-No tengo nada qué ponerme.
¿Quién se puede resistir a esa frase?
Fue entonces cuando Dios creó las hojas de los árboles.
Sus frondas se llenaron de verdor, de pájaros y nidos.
Esas bellezas las debemos a la mujer.
De esto que acabo de contar han pasado muchos, muchos años.
Y todavía Eva no tiene nada qué ponerse.
¡Hasta mañana!...