UN NIÑO CAYÓ AL RÍO Y SE IBA A AHOGAR
Su madre, desesperada, clamó pidiendo auxilio.
Por el camino iba San Virila. Se lanzó al río, nadó esforzadamente hasta llegar al muchachito. Lo tomó con una mano por los cabellos, y nadando con un solo brazo lo llevó hasta la orilla sano y salvo.
La mujer se echó a sus pies, agradecida. Le preguntó:
-¿Por qué arriesgaste la vida tú también? Con uno de tus milagros habrías salvado a mi hijo. Pudiste detener el curso de las aguas, o caminar sobre ellas hasta llegar al niño, o hacerlo que se elevara por los aires y venir a mí.
Respondió San Virila:
-Los mayores milagros son los que hace el Señor a través del esfuerzo de los hombres.
¡Hasta mañana!...