ESTA COBIJA ES SALTILLERA, Y PERTENECE A LA CLASE DE LAS LLAMADAS "DE LANA Y LANA"
Es de las que se tejían en los obrajes del bravío barrio del Águila de Oro. Pesa como plomo y pica como zarza, pero el calor que da nos aleja todos los fríos del cuerpo, y los del alma.
¿Cuántos años tiene la cobija viviendo con nosotros? Toda su vida, creo yo, y la mayor parte de la nuestra. La sacamos del clóset en estas noches gélidas y despide todavía su recio aroma a borrego de majada y campo. Cuando estamos seguros de que no nos oye le decimos "el chivo miado".
Somos ingratos en verdad al apodarla así. Es cierto que al levantarnos después de habernos tapado con ella nos duele todo y algo más, como si nos hubiera pasado por encima una aplanadora. Es verdad que debemos poner entre nosotros y la cobija, a más de la sábana, una colcha gruesa, pues de otro modo parecería que habíamos puesto cilicios en la cama. Pero el calor que da, de sol o de mujer, compensa todas sus malignidades.
El chivo miado.
Ya no se hacen cobijas así.
Quién sabe si eso sea bueno o malo.