LAS MUJERES DE LA MONTAÑA NO CONCIBEN LA VIDA SIN FLORES.
Cada casa es un vergel florido. En botes usados a modo de macetas crían pequeñas plantas que dan pequeñas flores, como ésta de nombre "amor de un rato". Sus flores son de color morado muy morado. Abren sus diminutos pétalos a la caída de la tarde, y luego de unos minutos los vuelven a cerrar. Amor de un rato.
En los jardines, en cambio, crecen flores opulentas. Ésta posee resonante nombre: bandera de España, pues ostenta los colores rojo y gualda del lábaro español. Esta otra tiene nombre de mujer -¿o la mujer tiene nombre de flor?-, dalia.
Las casas montañesas son de adobe o de block, grisáceos ambos. Pero sus paredes se adornan con el milagro colorido de las flores que cuidan las señoras.
El invierno está bajando ya de lo alto de la sierra, y las preocupadas jardineras se disponen a meter sus macetas y botes a la casa, para que el frío no mate a sus amadas matas. Entonces las habitaciones se volverán jardines, y las señoras cuidarán de que el gato no pise las plantitas.
Luego regresará la primavera, y las flores regresarán al aire y a la luz. Habrá terminado su confinamiento. Pise el gato donde quiera.
¡Hasta mañana!...