¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, la noche en que viste por primera vez la luna llena?
En el cielo había más estrellas que de costumbre -tendrían alguna convención, y llegaron estrellas de otros cielos-, y la luna se había agrandado para que no le fueran a quitar su espacio.
Eras apenas un cachorro, Terry. Miraste aquel gran disco blanco, tendiste la naricilla a lo alto para olerlo y luego alzaste la patita en infantil intento de tocarlo. Reímos todos cuando, desconcertado, volviste la mirada hacia nosotros como preguntándonos: "¿Qué es eso?".
Ya no estás con nosotros, Terry mío. Un día que no quiero recordar, pero que nunca olvido, llegó a ti la madre muerte, del mismo modo que antes te había llegado la madre vida.
La muerte.
Ahora, Terry, soy yo quien te pregunta: "¿Qué es eso?".
¡Hasta mañana!...