ME ENTRISTECIÓ EL FALLECIMIENTO DE RAMÓN DE LA PEÑA MANRIQUE, DESTACADO EDUCADOR Y HOMBRE DE BIEN.
Unos cuantos años mayor que yo, lo conocí cuando era novio de quien después sería su ejemplar esposa, Oralia, una linda chica vecina de mi casa por la calle de General Cepeda, en Saltillo. Gallardo y apuesto él, hermosa y agraciada ella, formaron una bella pareja, y formaron también una bella familia.
Fue él durante muchos años pilar del Tecnológico de Monterrey. Su magisterio perdura en las mentes y corazones de quienes fueron sus alumnos. Como conferencista era al mismo tiempo profundo y ameno. Tras su retiro del ITESM fue rector de otra prestigiosa universidad, el CEU. Los artículos editoriales que publicó en varios periódicos regiomontanos son muestra de su vasta cultura y de su gran calidad humana.
Por este medio hago llegar mi sentimiento de pesar a la amorosa compañera de su vida y a su familia toda. Hombres como Ramón de la Peña Manrique son sembradores cuya semilla sigue dando fruto en las instituciones a las que entregaron su vida. Siempre habremos de recordarlo con afecto y gratitud.
¡Hasta mañana!...