El 2021 termina con más interrogantes que hechos definidos. La pandemia siguió más tiempo que lo esperado, pero resultó el marco de cambios que seguirán revelándose.
Las restricciones en las condiciones de trabajo fueron los primeros efectos que sintió la mayoría de mexicanos al hacer frente al COVID-19 y reducir los daños. Una proporción importante del sector servicios a todo nivel se vio enclaustrada en hogares u otros espacios distantes de las sedes de las empresas.
El virus que comenzó poco entrado el año 2021 ha introducido una nueva variante y es imposible saber, mucho menos hoy, cuáles cambios perdurarán en los patrones y ritmos de la economía y más aún directamente en nuestras vidas. Las modalidades que rigen el trabajo de un número importante de trabajadores repercuten en otras áreas como el de transportes y distribución. Se redefinen los espacios ocupados por oficinas y talleres, pero lo más importante son los cambios que por la pandemia se están extendiendo con la combinación de nuevas ecuaciones de valor. Se proponen nuevos parámetros para medir la calidad de vida individual y social.
Todo lo que estamos viviendo lleva a reflexionar con más profundidad que antes sobre la finalidad misma que justifique la actividad económica vista en términos del bienestar y justicia que de ella obtienen los miembros de nuestra comunidad en cuanto al reparto de los frutos o la equidad en el reparto de los esfuerzos para obtenerlos. Juzgamos si hay que continuar los hábitos o ensayar otros.
Los ajustes que se han hecho en estos tiempos en el lugar que ocupamos en la cadena de actividades económicas afecta la calidad de las relaciones familiares mucho más que éstas a la estructura económica. Los parámetros de valor los imponen las necesidades de la producción que se transforman en fines más que medios.
Los esquemas que usamos para transformar recursos escasos en donde los principios de la economía clásica inglesa del Siglo XVIII y la revolución industrial son el motor del impresionante progreso económico alcanzado en casi todo el mundo han costado la brecha entre pocos ricos y muchos pobres que no se detiene. La Pandemia abrió la caja de injusticias sociales que se acumularon desde ya muchas décadas en forma de frustración y sufrimiento. Ahora la lucha diaria por sobrevivir los cambios recrudece para las mayorías marginadas a las que se suman olas de migrantes.
Superar las fórmulas heredadas que se enseñan en las escuelas y coordinar la realización del potencial de bienestar que existe en las energías con respeto a la centralidad de la persona con nuevos moldes de coordinación social. El papel del gobierno es orientar el proceso y apoyar la acción coordinada de individuos y entidades económicas.
La coyuntura a principios de 2022 encuentra a nuestro país definitivamente enlazado al gran proyecto trinacional de hacer de Norte América el eje hegemónico mundial en lo económico, militar y político. Pero por claros que sean los compromisos que los acuerdos contengan como el T MEC, no perdamos de vista que lo que aportamos responde a nuestra concepción equilibrada y humanista del desarrollo y no necesariamente la de otros.
Las declaraciones más recientes del Presidente de la República describen su propósito de usar los recursos a fin de ser verdaderamente independientes. Esto significa una inteligente política de comercio exterior estimulando producción evitando importaciones que nos resten capacidad de empleo.
El desarrollo socioeconómico no está atado a ideologías y supone más que el simple reparto electorero de dádivas de beneficio personal y familiar. Requiere promover los instrumentos administrativos y financieros eficientes para fomentar unidades de producción que den empleo y equilibren los ingresos. Lejos de membretes y lemas capitalistas o comunistas se trata de superar desviaciones injustas e involucrar a productores y consumidores en esquemas ordenados y participativos.
La pandemia lleva prácticamente dos años. Podría prolongarse buena parte del nuevo año tocando costumbres que nos atrasan. La sacudida a lo convencional es benéfica y obliga a tomar aliento y reorientar el rumbo que llevábamos que acentuaba tensiones y desigualdades. México puede ser ejemplo en un desarrollo sano y justo.
Felicitemonos en esta temporada de Navidad y recarguemos energías para emprender la aventura de 2022.
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