En el caso de la hermenéutica, -técnica o método de interpretación de textos- el "pensamiento salvaje" es una descripción filosófica que fue definida por Lévi-Strauss, como una forma no domesticada del pensamiento único.
Se refiere a aquel pensamiento que genera una reacción directa, sin el tamiz de la reflexión; ese que emerge sin hacer todo el recorrido en el proceso intelectual y que requerimos para definir una situación en particular.
Refiere una acción "desobligada", que da respuesta sin pensar y que, comúnmente, por no interiorizada -pensarla- lleva al error o en el mejor de los casos a la equivocación del acto: fallar.
Cuando lleva el error en la respuesta, causado por el deficiente o nulo proceso intelectual, decimos que: "actuó en automático" y para que esta reacción del "pensamiento salvaje" sea aceptable, requiere sea al menos coherente.
En tal libro, Levi-Strauss, se aparta de la etnología diversidad cultural tradicional; no considera grupos humanos o áreas geográficas particulares, sino que aborda un atributo universal del espíritu: "el pensamiento en su estado salvaje", que aparece tanto en contemporáneos como en las generaciones pasadas y es reconocible tanto en sociedades desarrolladas como subdesarrolladas.
A Levi-Straus, le interesa señalar las particularidades, alcances, fuerza; en cierta manera es caracterizado por la imposibilidad de cultivarlo y domesticarlo para acrecentar su rendimiento.
En el "pensamiento salvaje" nada hay desordenado o confuso y al respecto Paul Ricoeur, dice que "esta elección es perfectamente legítima, en la medida en que sea una apuesta mantenida con coherencia" y para ello se necesita un proceso que incluye lo que se piensa, luego se dice y finalmente se hace.
Por otra parte, algo que se aprende en la administración general, es definir lo que se pretende alcanzar como consecuencia de las acciones ejercidas, midiendo posibilidades de éxito y las posibles consecuencias -positivas o negativas- y clasifica los niveles de decisión en: imprescindible, aquello sin el cual no se puede lograr el objetivo; necesario, lo mínimo para permitir desahogadamente el propósito, que mejorará el desempeño y el resultado; y deseable, eso que nos dará mayor comodidad y sobrados recursos para alcanzar el éxito. El tercer nivel suele ser consumidor de recursos, además considerado como gasto, no inversión.
Revisar tales patrones del comportamiento humano, es un buen método para saber sobre la honestidad y la intencionalidad de las personas.
Le escribí lo anterior para invitarlo a reflexionar sobre el actuar de la administración pública federal que, al parecer, rechaza toda experiencia en el manejo de los recursos y solamente muestra deseos y aspiraciones que no incluyen planificación, procesos de ejecución y cálculo de relación entre costo/beneficio en sus decisiones.
Pareciera que caminamos hacia el cumplimiento de lo deseable, sin considerar las reales posibilidades y costos del deseo. Los psiquiatras lo ubican en "el campo de la gana" y lo consideran negativo y hasta patológico.
Usted conoce las repetidas críticas por la obsesión -eso parece- de nuestro presidente López, empecinado en construir un aeropuerto que además de ser de alto costo, presenta serias dificultades para el control de sus operaciones; su ubicación es otro reto de comunicación y transporte y, al parecer, será demasiado pequeño para cubrir las necesidades de servicio al mediano plazo. De no haberse cancelado el anterior, ahora estaría funcionando y tendría aceptación y reconocimiento mundial. Forbes -12/II/1921- informó que este 2021, los diputados que en su mayoría son de Morena, etiquetaron 21,315 millones de pesos para "Santa Lucía".
El Tren Maya, otra "obra bandera" del actual gobierno, advierten que presenta graves inconvenientes, que van desde cuestiones de costo -dentro del presupuesto 2022, se plantean inversiones por 62 mil 942 millones de pesos, el 95.8 por ciento de los recursos totales de la Secretaría de Turismo- dejando desprotegida una de nuestras más importantes fuentes de ingresos de divisas.
A la obra se le señala como insuficiente para la operatividad -se dice que un boleto puede llegar a costar de 2 a 4 mil pesos, haciéndolo inaccesible para los pobres- y, sobre todo, denuncian el daño severo que provocará a la ecología y a nuestras ruinas prehispánicas, consideradas patrimonio histórico del mundo.
Esas son dos de las decisiones sobresalientes de los primeros tres años de mandato del presidente López; ahora, desea monopolizar a la CFE, retornando al pasado, buscando ejercer otras acciones que, según los opositores, generarán mayores costos y deberán ser subsidiadas ´sacando el dinero de una bolsa para meterlo a la otra´, si acaso se quiere proteger al ciudadano consumidor, además de incrementar la elevada contaminación que contraviene los propósitos mundiales. Es harto contradictorio que el partido "Verde Ecologista" apoye la propuesta desmintiendo su lema y escudo.
De pronto, leyendo, investigando y enterándome, me hacen recordar al dicho de Tenchita, cuando estaba preocupada por algún suceso futuro: "Dios nos agarre confesados". ¿Usted que piensa?
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