Los muertos sí votan
No se refiere esta expresión a la capacidad que tienen algunos difuntos de participar en las elecciones apareciendo fantasmalmente en las listas nominales e influyendo chocarreramente en las urnas (práctica que no se asegura que haya sido superada), sino a la influencia que las defunciones de tantas personas pueden tener en el ánimo de los que aún vivimos.
Las campañas han comenzado para la jornada electoral más grande que haya tenido el país en cuanto al número de curules, gubernaturas y presidencias en disputa. La alianza del PAN, PRI y PRD tendrá que ofrecer algo diverso a lo que ofrecía antes, y que fue el motivo por el que perdieron y aún sigue siendo el arma del actual gobierno para atacarlos. ¿Aceptarán sus errores? ¿Ofrecerán algo distinto? ¿Serán creíbles sus invitaciones a la acción ante la urgencia de la situación? El ya trillado discurso de la honestidad, justicia, lucha contra la corrupción y el combate a la pobreza deberá sonar diferente con candidatos nuevos para ofrecer una visión creíble y reivindicar a la clase política.
Pero otro factor que definitivamente puede influir en el ánimo de los electores es la muerte de sus seres queridos y de tantas muertes causadas, además de la pandemia, por la violencia delincuencial, las muchas deficiencias en la atención sanitaria, los "accidentes" o percances en las diversas vías de comunicación, los suicidios por problemáticas atribuidas a la situación económica, los abortos de quienes sufren manipulación, violencia o coacción por políticas públicas infectadas por ideologías que fomentan la cultura de la muerte, en resumen, todas las muertes provocadas en mayor o menor medida por deficiencias, errores o directamente acciones asesinas hechas con premeditación, alevosía, ventaja y traición.
Son sabidas las historias de venganzas entre familias rurales que terminaban extinguiéndose, o de grupos delincuenciales que vengan con sangre de sus adversarios la derramada entre sus miembros. No se trata de hacer una apología de la violencia, incitar a linchamientos o querer hacer justicia con propia mano; pero dejar en el olvido a nuestros difuntos y dejar sin castigo a los causantes, culpables o responsables de su muerte, no es propio de una mentalidad nacional que presume de valentía, arrojo, coraje y reclamo de justicia.
Quienes tienen alguna responsabilidad en la muerte de un ser querido, deberían pagar por el daño causado en la medida de su responsabilidad, aunque sabemos que la impunidad es otra de las grandes problemáticas del país que aún no han sido resueltas.
Sin duda que las próximas elecciones son la oportunidad de "vengar" un poco a quienes han muerto y que aún deberían estar entre nosotros; y evitar que continúe la masacre, para no ser contados entre los responsables que apoyan, al menos pasivamente, a quienes provocan la muerte. La cruz de una boleta electoral deberá recordarnos aquellas sobre tantos sepulcros; evocarnos el dolor del alma que hemos experimentado ante el inmenso espacio que deja un ser querido.
Ante el deseo de hacer algo por nuestros difuntos, darles un gusto y hacerles el bien, el mejor servicio que podemos darles es la oración que nos une con ellos por el amor, haciéndoles sentir que no estamos de acuerdo con sus verdugos y evitar que otros sufran la muerte prematura de un ser querido. Participar en las acciones sociales y en las opciones políticas que liberan a los demás de morir es una buena manera de honrarlos. La esperanza del reencuentro y de la comunión en la eternidad no nos exime de trabajar para quitar las causas que nos separaron de ellos aquí en la Tierra.
A quienes creen que los muertos no tienen opciones políticas, sufrirán el susto de su vida cuando vean en la fila de la casilla electoral a fantasmas flotando sobre los vivos, quienes los librarán de sus cruces mortuorias tendiéndolas respetuosamente sobre las boletas que sepultarán solemnemente en las urnas. Entonces sabrán que los muertos sí votan.