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PIÉNSALO, PIÉNSALO

CONSERVAR Y PROGRESAR

ARTURO MACÍAS PEDROZA

Es necesario conservar los progresos. La memoria de lo descubierto evita tener que inventar continuamente el hilo negro. No podemos por tanto contraponer el progreso a la conservación de lo que ha dado al hombre su evolución y desarrollo, y mucho menos dividir a la gente entre conservadores y progresistas como se ha hecho actualmente desde los medios que promueven la ideología de género o desde el púlpito gubernamental.

Puede haber errores en ambos lados: un "conservadurismo" que rechaza toda transformación o un "progresismo" que rechaza todo lo pasado como malo y llama progreso incluso al retroceso. Nos corresponde discernir sabiamente para no sentirnos obligados a entrar en uno u otro bando, cuando lo que necesitamos es la unidad y restituir en cada uno de nosotros, en estos tiempos fugitivos y problemáticos, la memoria de la eternidad.

Esta nueva época que nos ha dejado pasmados por el choque de futuro y pretende enviar la historia y la fe a rango de manías arcaicas, cuando son precisamente la historia y la fe, quienes tienen la llave del futuro. El pasado es todo, el deber del hombre es mantener la memoria de la eternidad que ha ido construyéndose en la historia y que ha hecho al humano más humano.

La actualidad podría tachar de tradicionalista y reaccionario a quien basado en la investigación del pasado defiende ostensiblemente los comportamientos más tradicionales, por no decir de "extrema derecha". ¿Cómo pueden coexistir los dos aspectos? ¿Cómo mantener la tranquilidad en medio de tanta incertidumbre? El camino vital que ha recorrido la humanidad, su experiencia, las exigencias de autenticidad, de verdad basada en rigor científico que han construido civilizaciones y desarrolladas culturas, son piezas esenciales en el debate actual sobre progreso y conservación del pasado; necesarias para responder a las problemáticas en un diálogo que contribuya a esclarecer nuestro paisaje interior y facilitar nuestras opciones.

En el principio fue la memoria. Conocer, evidentemente, es recordar, función elemental, materia prima del pensamiento, la memoria es la piedra angular, la arquitectura de toda la Psique. La crisis actual de nuestro mundo, con sus heridas que ha causado, es una enfermedad de la memoria. Vivimos amnésicos en un mundo amnésico. La recompensa de una buena memoria, es el progreso. Nosotros venimos del pasado, vamos adelante porque sabemos guardar la memoria. Pero a medida que avanza la construcción del pensamiento, por culpable inadvertencia, perdemos la capacidad de dominarla y estamos tentados a rechazarla ante la fascinación de lo inmediato y de lo que intentamos adivinar en lo irreal del futuro, arriesgando en lo imaginario, la totalidad de nuestra cultura. Peor aún es intentar manipular los datos del pasado en un espectáculo grotesco de mampostería artificial en el corazón de la Ciudad de México para entretener y manipular, para justificar posiciones o ideologías, en vez de enseñar en verdad la verdad del pasado.

Una cosa es segura, para entrar en el corazón de nuestra identidad colectiva, necesitamos analizar con rigor todos los elementos de nuestro pasado; la polícroma armonía del mosaico azteca, morisco y cristiano, con pátina de siglos, para poder entender la vocación peculiar de México dentro del concierto mundial. La historia revela nuestra identidad; falsearla implica la negación de lo que somos. Necesitamos reencontrar en la memoria todos los valores conseguidos en el pasado. Es aprendiendo el arte de la memoria, partiendo determinadamente a la búsqueda sincera del tiempo que ha partido, pero jamás perdido, es como saldremos de esta crisis de "progresismo" retrógrada, cavernícola y depredador.

Hemos perdido la memoria. Y con la memoria, todo aquello que le daba a nuestra vida valor y dignidad. Ha llegado la hora de reivindicar el pasado atesorado, el pasado de todos los hombres que nos han precedido y de los cuales nos beneficiamos. El pasado de otros es también mi pasado, desechar los tesoros adquiridos es rechazar un legado, renunciando a la responsabilidad de transmitirlo a quienes vivirán después de mí. Parafraseando a Descartes puedo decir que yo recuerdo, luego existo.

piensalepiensale@hotmail.com

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