Un sujeto golpea con un marro los escombros de la Hilandera La Fe, con el objetivo de extraer varilla y otros metales. Son los restos de los últimos arcos que quedaban de la fábrica, los cuales, según información del Gobierno del Estado de Coahuila, fueron demolidos esta semana por representar "un peligro para la ciudadanía". El resto de la arquitectura fue retirado en 2019, cuando comenzó la construcción del Parque Recreativo de la Industria Hilandera La Fe.
Mientras tanto, don Carlos de la Paz de Santiago, vecino de la colonia La Unión, recorre el terreno aplanado sobre el cual antes se levantaba la fábrica que lo sustentó durante 37 años. Don Carlos laboraba como carguero en el área de hilatura y a pesar de que La Fe cerró hace más de tres lustros, mantiene fresca la imagen de dónde se localizaba cada uno de los edificios moriscos que la constituyeron.
"Cuando entrábamos a trabajar, había una entrada muy bonita pero con muchas yerbas. Estaba bonita la entrada, o sea la arquitectura estaba bonita para adentro. Era puro ladrillo, bien bonito y toda la cosa".
Ahora, la ausencia de los edificios arroja un paisaje dominado por cerros blancos, cuyas faldas se tornan pintorescas gracias a las casas que conforman la colonia La Fe. Es sábado por la tarde y el clima bochornoso acompaña el recorrido de don Carlos, quien bajo una gorra azul se defiende del sol. El extrabajador, con el calzado empolvado, continúa su relato.
"Cada máquina que trabajaba limpiaba el algodón y abajo iba cayendo el desperdicio, pero ese desperdicio no se tiraba, ellos mismos lo guardaban. En otra bodeguita había otra máquina donde metían toda la borra que juntaban y la limpiaban. Y en la otra era una bodega donde hacían pacas. Es decir, las pacas las hacían de borra, porque en aquel tiempo se vendían los colchones de borra. Venían señores a comprar borra para hacer colchones".
El extrabajador también recuerda los sonidos de la fábrica: el estruendoso ruido de los telares y la llegada del ferrocarril, pues adentro también existieron vías.
"Por esta entrada llegaba el ferrocarril. La puerta aquella que se ve allá, la azul, por ahí entraba el ferrocarril antes de que entraran los camiones que transportaban la mezclilla y todo eso. Entraba el ferrocarril y en todo este lado había muchas bodegas".
A mediación, se encuentra el único rastro del complejo original que sigue en pié, una antigua edificación de adobe donde, según don Carlos, se ubicaban oficinas y la caseta de vigilancia. En uno se sus costados aún se puede ver un solitario arco morisco tapado con ladrillos. La bodega, cuya parte inferior está tapizada de grafiti, es habitada desde hace 11 años por la numerosa familia de Cuauhtémoc Galagarza Olvera, quien fue contratado como vigilante por los antiguos dueños de La Fe, de quienes no ha recibido su liquidación y ahora dice desconocer su futuro ante la construcción del parque. En las instalaciones también existe un taller de electrodomésticos.
Don Carlos sigue su andar y llega hasta otra construcción al final del predio. Comenta que allí se encontraban los departamentos de quienes fueron administradores de la empresa. El edificio grisáceo, construido en una época posterior a la fundación de la fábrica, también está lleno de grafiti y escombro. A la entrada reciben un par de árboles muertos, ennegrecidos por algún incendio.
"Aquí vivían los dueños. Este jardín estaba bien bonito hasta por allá, era un jardín muy bonito. No, pues ya se acabó todo. Los dueños abandonaron, cerraron y se fueron y ya destruyeron todo".
Tras reavivar los recuerdos, don Carlos se lamenta de no haber tomado ni una fotografía, pues aquel complejo arquitectónico que conoció y que dejó de frecuentar en 2005 cuando la fábrica cerró, se ha vuelto intangible, con sus ladrillos y adobes transformados sólo en historias. Don Carlos quisiera que se hubieran conservado las edificaciones, aunque se resigna al plan de las autoridades.
"Yo tenía como 16 años cuando empecé a trabajar. Desde chavillo empecé a trabajar yo aquí. Y fíjate, sí la regué, porque hubiera tomado fotografías para verla desde afuera y adentro, que era todo el departamento […] La hubieran dejado, pero como te digo, el gobierno piensa hacer otras cosas y ojalá haga un buen plan aquí".

UN ESTILO QUE DESAPARECE
Según el historiador Carlos Castañón, la Hilandera La Fe fue uno de los pilares económicos que impulsaron la consolidación de Torreón como ciudad. Fundada en el año de 1898 por los empresarios de origen español Joaquín Serrano y José Farjas, la empresa fungió como líder textil a nivel nacional, en la confección de manta y luego mezclilla, y formó parte del grupo de fábricas que se asentaron en la calzada Industria, en el sector poniente. Así, La Fe fue una industria más que debió su existencia a la fiebre del llamado oro blanco: el algodón.
Como se mencionó, el complejo arquitectónico de La Fe era de estilo morisco-mudéjar, corriente que estaba de moda en Torreón a finales del siglo XIX. Esta arquitectura prácticamente ha sido borrada de La Laguna, pues es preciso recordar la demolición de edificios como La Alhambra en 1981, además de otras edificaciones como la Antigua Plaza de Toros, la casa habitación de Matamoros y Cepeda y ahora la desaparición del complejo de la Hilandera La Fe, cuya demolición comenzó en 2019.
Entre los edificios de este estilo que aún permanecen en pié en Torreón se puede resaltar Casa Mudéjar, Casa Zarzar, Teatro Isauro Martínez, la Antigua Torre de Fundición y la exresidencia de Fernando Rincón García en la avenida Morelos. Mientras que en San Pedro de las Colonias sobrevive el Reloj público, la Casa de los Torreones y la Casa Gamiochipi. En Ciudad Lerdo, el reloj de la presidencia municipal también acentúa en este estilo.
"Es triste o es paradójico ver que demolimos la mayoría de las casas con este estilo arquitectónico y los edificios […] Ojalá que este tipo de situaciones que se han vivido en las últimas dos décadas, de demoler el patrimonio arquitectónico, encuentre por fin ciudadanos sensibles, autoridades sensibles y una sociedad que por fin valore sus orígenes, sus raíces", comentó Castañón.

VERSIÓN DEL ESTADO
Por su parte, Miguel Algara, secretario de Infraestructura del gobierno del Estado de Coahuila, indicó que el proyecto inicial del Parque Recreativo de la Industria Hilandera La Fe, sí contemplaba la conservación de algunos de los muros y arcos moriscos que aún quedaban en pie tras la demolición de las bodegas en 2019. Sin embargo, por el daño estructural que presentaban y tras acentuarse su debilitamiento por las recientes lluvias, el departamento de ingeniería del proyecto optó por su demolición.
"Por los daños estructurales que presentaba y por ser el proyecto de un parque al que acudirán familias y niños, para no poner en riesgo la integridad de los visitantes, la parte de ingeniería solicitó no dejar el muro por el peligro que este representaba […] Se pretendía dejar un tramo del mismo muro, pero, estructuralmente hablando, corríamos peligro de que con algún viento se viniera abajo una vez que fuera abierto al público, lo que representaba un riesgo para la integridad de personas visitantes al parque".
La zona donde se ubicaba la Hilandera La Fe es una de las más necesitadas de proyectos sociales. Los habitantes del sector convivieron cara a cara con el miedo generado por las olas de violencia, factor que fue tomado en cuenta para intentar reactivar el lugar con un espacio recreativo, aunque no se conservara gran parte del patrimonio fabril datado en 1898.
Respecto a la familia que reside en las antiguas oficinas, Algara comentó que al realizarse la venta del terreno al gobierno del Estado de Coahuila en 2019, los expropietarios le indicaron a Cuauhtémoc Galagarza Olvera que tendría que abandonar la propiedad. Sin embargo, el gobierno del Estado decidió ofrecerle trabajo como velador durante la construcción del parque, proyecto que ya cumplió dos años de haber iniciado.
Este diario también buscó hablar sobre la Hilandera La Fe con la subdelegación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Coahuila, sin obtener respuesta hasta el cierre de esta edición.

Sin edificios. Don Carlos contempla el terreno de la Hilandera La Fe aplanado para la construcción de un parque temático.