Un hombre agnóstico caminaba por la selva. Oyó detrás un rugido y cuando buscó un árbol para guarecerse, observó a una leona que le cortaba el paso en posición de ataque.
El hombre gritó: ¡Dios mío, no quiero morir!
El tiempo se detuvo, la leona parecía inmóvil.
Escuchó una voz que parecía provenir de su propio pecho:
"Negaste mi existencia todos estos años y has cerrado el corazón de otros. ¿Y ahora esperas que yo te ayude a salir de esta situación? ¿Te parece justo?
El hombre miró a la leona congelada a pocos pasos de él y pensó: "Es cierto, mi ruego es sólo miedo disfrazado de fe. Qué bueno sería si este animal tuviera piedad de mi…y actuara como un creyente".
Los sonidos del ambiente se reanudaron, la leona se echó como un gatito y con voz humana dijo: "Dios, por favor bendice este alimento que voy a recibir…"
Escuché este cuento una vez y me pareció interesante porque refleja el autoengaño en el que caemos cuando creemos tener fe y en realidad apelamos a ella sólo en momentos de miedo o vulnerabilidad.
Un empresario me confesó que su esposa padecía una depresión y estaba muy angustiado por su situación. Además se sentía cercado por una crisis financiera en su empresa por haber actuado sin medida en la sobre expansión. Me decía que estaba harto de su padecimiento y que sólo necesitaba un poco de paz.
¿Qué hizo? Dejó a su esposa en manos de un psiquiatra, continuó viajando para huir de su situación, continuó administrando sin medida y de vez en cuando se refugiaba en alguna iglesia para pedir que sus problemas se solucionaran.
¿Es esto actuar con fe? Ir en un sentido y esperar que las cosas se solucionen solas o mágicamente.
Alguien me dijo: "El universo conspira cuando queremos algo, pero tenemos que ayudarlo actuando en el mismo sentido".
La semana pasada intenté abordar un vuelo el domingo a la tarde. La aerolínea lo había sobrevendido. 19 personas y yo habíamos quedado varados. ¿Qué hizo la mayoría? Descargaron su ira contra la persona de contacto y presionaron al supervisor para obligarlo a darles una solución.
Resultado: 18 personas aceptaron la reprogramación de sus vuelos para el día siguiente y regresaron a un hotel o a sus casas. Un hombre y yo, elaboramos un plan B: ponernos en lista de espera aunque no hubiera posibilidad alguna. En caso de no poder volar, consensuamos manejar 800 kilómetros hasta el destino y compartir el viaje. Alejarnos del mostrador y evitar el contagio tóxico de los pasajeros irritados.
Resultado: esperamos en el bar con una invitación a cuenta de la aerolínea, procuramos ser amables con la persona del mostrador. Cuando había embarcado todo el pasaje, hubo 2 cancelaciones a último momento y felizmente pudimos viajar.
Los franceses dicen: Tout lasse (todo cansa); tout casse (todo se rompe); tout passe (todo pasa). Ocurre con las resistencias, con las posiciones extremas, con los enojos.
La fe es una forma de vivir, de sentir. Es imposible ser pesimista y tener fe. Las personas que viven con optimismo suelen tener intención, foco, entusiasmo, actúan en un sentido, apuestan a que las cosas sucedan.
Claro, también tienen fe mientras esperan.
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