Un joven de 15 años sufrió un accidente con su ciclomotor y tuvieron que amputarle el brazo izquierdo. Luego de un año de recuperación decidió aprender Judo. Su sensei era un anciano experto en este arte marcial.
Al cabo de tres meses y pese a demostrar gran entusiasmo, el maestro sólo le había enseñado un movimiento. Lo aprendió a la perfección, pero comenzó a aburrirse. Entonces preguntó si podía aprender un poco más de la técnica. El maestro le dijo que por el momento, eso era todo lo que necesitaba aprender.
Cansado de repetir la misma toma miles de veces abandonó la práctica.
Una tarde recibió un llamado del viejo maestro, invitándolo a competir en un torneo.
Casi no tuvo tiempo de volver a entrenarse cuando llegó la fecha. Luego de varias rondas clasificó para disputar la final. Su adversario era grande y demostraba mucha destreza. El sentía poca confianza pero el maestro lo alentaba a continuar.
Fue una larga lucha, su oponente perdía concentración. Finalmente, el muchacho logró vencerlo.
De regreso a casa el joven preguntó: ¿Cómo pude ganar un torneo con sólo un movimiento?
El sensei contestó: Tú has logrado dominar uno de los movimientos más difíciles en el judo. La única defensa contra esa toma era que tu rival se agarrase de tu brazo izquierdo.
Las empresas, los países y las personas tienen un brazo izquierdo. Ese flanco que los hace vulnerables.
Algunos simplemente lo ignoran. La negación sólo aumenta el padecimiento porque exige el esfuerzo de construir una realidad paralela y los recursos para actuarla.
¿Cómo puede restablecerse o reforzarse una debilidad que se ignora?
Otros se enojan y reniegan de su carencia. Resisten y sufren lo que los hace vulnerables.
Como afirmaban los antiguos: "Lo que resistes, persiste".
Cuando concentramos el foco y logramos transformar esa debilidad en una fortaleza, el resultado sobrepasa cualquier expectativa, derriba toda estrategia. La adversidad es sólo un punto de partida. Para quienes son conscientes, también es un punto de apoyo.
Ser fuertes en nuestra debilidad nos hace personas difíciles de batir.