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Influencias

CLAUDIO PENSO.-

Era el año 1890 y Charles Flint estaba en dificultades financieras.

Pensó cómo conseguir dinero y decidió pedir una entrevista con J. P. Morgan para solicitarle un préstamo.

En vez de citarlo en su banco, Morgan le propuso dar un paseo por los alrededores de Manhattan.

Flint supuso que tenía el problema resuelto.

Pasearon durante una hora, hablando de cualquier cosa, menos del préstamo de un millón de dólares.

Morgan le extendió la mano para despedirse y le dijo: "No creo que tenga ningún problema para obtener ese dinero, ahora que nos han visto juntos".

Han pasado muchos años pero algo ha permanecido inalterable: Casi todas las personas buscan un lugar cerca del epicentro de poder.

Existe una atracción magnética que ejercen no sólo quienes son influyentes, poderosos o ricos; también ocurre con el chofer de una excursión, el coordinador de un grupo o el barman de una fiesta.

Pareciera ser que al hombre lo atraen los destellos de quienes están en un escenario, en ellos proyecta sus sueños e ilusiones como un espejismo.

¿QUÉ HAY DETRÁS DE ESTA SEDUCCIÓN?

Probablemente como en algunas especies, el más apto es el que lidera la manada, tiene privilegios y también el control.

¿Protección, imitación, fascinación? Quizá.

Lo cierto es que el poder ejercido proyecta un halo sobre quienes lo observan y genera en ellos algunas actitudes que se parecen a la sumisión.

En una ocasión, conocí a un gerente financiero que ostentaba mucho poder dentro de la organización. El definía el calendario de pagos y el plazo de los cheques. La empresa tenía una gran capacidad de compra y todos los proveedores aleteaban a su alrededor como luciérnagas atraídas por la luz de un farol.

Una vez un proveedor que sufría a menudo el destrato le dijo: Algún día no estarás en este lugar y nadie te saludará siquiera. Ofendido, el gerente recrudeció las prácticas despóticas.

Finalmente, la profecía se cumplió. Fue despedido. Intentó contactarse con muchos de los proveedores que esperaban mucho tiempo para obtener una entrevista. Grande fue su desilusión al comprobar que el poder que tenía, provenía del cargo, no de su personalidad.

Tal vez aprendió la lección. El poder y la influencia son sólo espejismos, al llegar no hay nada.

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