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El ego

VIBREMOSPOSITIVO

CLAUDIO PENSO

Cuentan que había un sabio que pasó más de 100 años en las montañas. Tenía muchos poderes y creía firmemente en su propia inmortalidad. Podía predecir hechos futuros, levitar, mover objetos e incluso vivía un proceso de regeneración celular que lo hacía parecer muy joven.

La muerte recibió noticias de su existencia y decidió enviar un emisario.

El sabio, mientras meditaba, intuyó que la muerte venía por él y sin pausa creó con su inmenso poder 39 formas idénticas a la suya.

Cuando vino el mensajero de la muerte no pudo diferenciar a esos 40 hombres que parecían el mismo.

La muerte urdió una estrategia y volvió a enviar a su mensajero. El sabio replicó la misma táctica y creo nuevamente sus 39 personajes.

Cuando la muerte y el grupo de sabios estuvieron frente a frente. La muerte exclamó:

? "Es verdaderamente increíble, son idénticos y no se advierte fácilmente cuál es el auténtico, pero ahora que miro mejor, hay una falla muy pequeña...."

? ¡Una falla!. ¡Es imposible!. Exclamó el ego a la muerte.

Nuevamente, como viene ocurriendo desde tiempos inmemoriales, el ego perdió su batalla.

Todos los días, nuestro ego malogra con su necesidad eternamente insatisfecha de atención, ideas, vivencias, oportunidades.

La responsable de recursos humanos de una empresa trata de contentar con sus tareas de selección al director de su empresa. Él le pide una y otra vez personas que suelen tener una sobre calificación y que al poco tiempo se desvinculan con enojo o frustración.

¿Cómo concluye cada una de las incorporaciones erráticas? La mujer sabe que se trata de la "Crónica de una muerte anunciada". Sin embargo, le termina echando la culpa a los postulantes. Un día le pregunté por qué lo hacía, a sabiendas de que era el Director el responsable de no saber lo que busca o necesita. Su respuesta fue: " El nunca va a admitir que está equivocado".

Es el eterno juego de la complacencia. El ego conduce inexorablemente a la pérdida de objetividad. Se termina gestionando para alguien y no para el proyecto. Por miedo, cansancio, comodidad. El ego termina desgastando a quienes procuran hacer bien las cosas.

El ego es un gran monologuista. No interactúa, solo usa a los otros como testigos mudos que confirman lo que él expresa.

El ego es amante de la negación. Trabajar con el ego es una batalla perdida. Jamás hace autocrítica.

Hacer lo que hay que hacer, actuar con responsabilidad, es arriesgarse en una relación asimétrica. No obstante, el deterioro que se sufre permaneciendo es aún mayor. El ego no se cansa. La dosis requerida es cada vez más grande. Por esto, es saludable alejarse un poco y evitar los efectos de su fascinación.

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