Hasta ahora, sobre todo en países como el nuestro, la acción por el clima ha sido un tema más difundido que comprendido. Si bien mediáticamente ocupa un sitio cada vez más amplio y frecuente su traducción en términos de política pública aún no ocupa un rango similar. A propósito de la celebración de la COP27 esta semana en Egipto, vale la pena reflexionar acerca de dicho encuentro, pero sobre todo del estatus que tienen los compromisos internacionales de acción por el clima.
Hace unos días propuse en mi colaboración de radio en el programa Contextos una alegoría que me parece ayuda a darle cierta concreción para el entendimiento a eso que llamamos cambio climático. Usé la siguiente alegoría: el tipo de futbol que practican los mejores equipos europeos se realiza en canchas impecables y esas condiciones facilitan la práctica del estilo de juego de esos grandes equipos. Si imaginamos lluvias torrenciales que aneguen porciones del campo seguramente será difícil, si no es que hasta imposible, que dichos equipos logren practicar el estilo de juego al que están acostumbrados. Las condiciones del campo necesariamente modificarán la práctica del futbol y hasta es probable que deba cambiar el estilo hasta ahora seguido por los equipos. Ese efecto que el cambio de las condiciones de la cancha tiene en el estilo de juego practicado ayuda a entender que el cambio en las condiciones climáticas obliga a modificar las prácticas económicas y sociales que conocemos como normales. Precisamente cuando hablamos de cambio climático estamos diciendo que las condiciones "normales" para el desarrollo de la vida en el planeta están cambiando y lo que antes era normal pronto puede dejar de serlo.
Esta situación no solo ha sido advertida por expertos científicos en todo el mundo, sino que incluso se han desarrollado metodologías para medir los cambios y sus impactos. A un nivel de experiencia personal hemos notado una variación significativa en los fenómenos naturales, tanto en su ocurrencia como en su severidad y estragos palpables. Para continuar con la alegoría inicial, digamos que se han notado cambios en las condiciones en las que desarrollamos la vida en el planeta. Reconocer esto llevó a los países a tratar de enfrentar los retos de una manera multilateral y con la contribución específica de cada país firmante. Eso se expresó en diversos acuerdos, uno de los más famosos el de París, en 2015.
Derivado de los acuerdos, cada uno de los países que asumió compromisos, elaboró su aportación y las presentó a través de documento conocido como "Contribución Determinada a nivel Nacional", más conocido por sus siglas en inglés: NDC. En México, a a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales se publicó dicho documento en su versión más actualizada en el año 2020. Allí, "México se compromete de manera no condicionada a reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en un 22% y las de carbono negro en un 51% al 2030 respecto a la línea base construida en un escenario tendencial estimado para el 2013 (business-as-usual, BAU). En complemento, los compromisos condicionados permitirían incrementar la mitigación de emisiones, alcanzando una meta de reducción de hasta el 36% de las emisiones de GEI y 70% de las emisiones de carbono negro al 2030 respecto al escenario tendencial." Lograrlo implicaría cambios sustanciales en los tres principales sectores de emisión de gases de efecto invernadero: transporte, generación de energía eléctrica e industria.
Todos los países presentaron en sus NDC un listado de acciones de mitigación y otras de adaptación a las nuevas condiciones. Para nuestro país, entre las acciones de mitigación más relevantes están alcanzar al 2030 una tasa cero de deforestación neta, uso sostenible de recursos hídricos, conservación de bosques y selvas y enfoque climático a los sistemas y sectores estratégicos del país. Entre las acciones de adaptación destaca Fortalecer instrumentos financieros incorporando criterios de acción por el clima, incorporar el riesgo por cambio climático dentro de las cadenas de valor y planes de inversión, e impulsar mecanismos de financiamiento para enfrentar impactos del cambio climático en el sector primario. Pese a existir algunos avances, es notoria la excesiva retórica en torno a la acción por el clima.
@EdgarSalinasU