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Al César… ¿qué es lo del César?

JOSÉ EDGAR SALINAS URIBE

En el evangelio de Lucas se lee que entre las acusaciones contra Jesús de Nazareth se mencionó que andaba alborotando al pueblo y prohibía pagar tributos al César. Esto último debió ser motivo suficiente para que el invasor considerara un castigo ejemplar a este que era tenido por profeta entre algunos grupos de la población. La mención de Lucas tiene relación con aquella trampa puesta por fariseos y herodianos cuando preguntaron a Jesús si era lícito pagar tributo al César o no. Desde un punto de vista político la pregunta encerraba una doble trampa. Si la respuesta era afirmativa, el galileo podía ser acusado de colaboracionista del imperio; pero si era negativa, sus enemigos llevarían el chisme, como dice Lucas que finalmente sucedió, ante el jerarca romano de la demarcación. Desde un ángulo religioso la respuesta también contenía una doble trampa, pues si decía que era lícito con ello reconocía la filiación divina del César según se leía en la moneda, pero si respondía que no, precisamente quitaba esa condición al sumo pontífice.

Los evangelistas sinópticos señalan una respuesta que dejó la interpretación en manos de sus interrogadores y Jesús salió por cintura: "Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", dicen que respondió. Para poner en perspectiva la respuesta, es importante tener presente que hacía unos cuantos años los romanos lanzaron una ofensiva sangrienta para contener el sentimiento que cobró cierta relevancia entre la población judía de no pagar el tributo al imperio, tal como habían incitado Judas y Sadoc. Con los gritos y la sangre aún fresca por ese acontecimiento, seguramente el nazareno no iba exponerse ni exponer a sus seguidores a algo semejante con una respuesta ligera y en los términos obvios que esperaban sus interlocutores.

Este pasaje, tan propio de estos días en que el mundo cristiano recuerda (se supone) la pasión, muerte y resurrección de Jesús, por muchos años sirvió de referente para enfatizar una admitida separación tersa y radical entre el quehacer eclesial y el de la política y las cosas mundanas. Por esa vía hubo quien se solazó en una teología defensora de la resignación y de cargar la cruz social por injusta que esta fuera. La Teología de la Liberación cuyo vigor debe a América Latina su principal nutriente impulsó una revisión de términos y una relectura situada para nuevas interpretaciones. En pocas palabras, la "Basilea" o reino, o imperio de los cielos tenía una concreción en la historia. El mensaje del nazareno era histórico y, por tanto, nada humano le era ajeno.

Los especialistas en textos bíblicos tienen argumentos para profundizar en las posibles interpretaciones de aquel pasaje y la contestación de Jesús. De mi parte, lego en lo anterior, lo traigo a colación por una ventana de reflexión que la hábil posición del nazareno permite. Más allá de la discusión teológica la respuesta deja abierta, entre otras, la siguiente pregunta: ¿qué es lo del César? En buena medida, gran parte del pensamiento político ha tratado de responder precisamente a eso, es decir, qué es lo propio del poder político, cuáles son sus atributos, dónde emerge la autoridad, cuáles son sus límites, qué tipo de gobierno es el adecuado. La historia de las doctrinas políticas es el recuento de las ideas acerca de qué es lo del César.

Poco más de dos mil años después y aquí estamos todavía tratando de dar respuesta a la pregunta. La que parecía la posición con mejores argumentos a partir de la libertad fundamental del ser humano, la democracia, todos los días se enfrenta a una necesidad de justificación. En nuestros días tiene prensa de pesola respuesta que apunta hacia un César unipersonal todopoderoso y dictatorial. Es paradójico que ese planteamiento obedezca más al músculo de mayorías- solo posible en un régimen de libertades- que al de los argumentos de la razón. Como si la historia no tuviera suficientes casos para mostrar lo erróneo del camino, hay quien hace de su compromiso una campaña cuya bandera no es otra más que la nostalgia por un César que piense, diga y haga por quien se encuentra abrumado por la libertad y la responsabilidad.

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Escrito en: editorial Edgar Salinas Uribe editoriales

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