Dándole la espalda a la época prehispánica y a la colonia, entramos a la primera transformación que se inicia con la independencia. Los mexicanos recordamos el inicio de ella y no su consumación; Hidalgo es el héroe; Iturbide, el oportunista culpable del primer imperio mexicano queriendo emular a Napoleón Bonaparte. La realidad es que salimos muy lastimados de todo el proceso, formándose bandos opuestos entre sí. Por un lado, las logias masónicas, una de ellas, encabezada por el embajador de los Estados Unidos, Poinsett, la otra, por Nicolás Bravo. Demostramos debilidad con nuestras divisiones. Uno conservador, otro liberal.
En aquel tiempo, el liberalismo no era visto con malos ojos. Vean como cambian las cosas; ahora, los demonios son los neo liberales, que no son más que los otros, pero modernizados. Lo que buscaban los de este partido era la libertad individual frente al estado, sin que el estado metiera su cuchara, sobre todo en las decisiones económicas. Dejar hacer, dejar pasar, fue y sigue siendo su máxima. Los conservadores querían un estado fuerte que se opusiera el individuo, imponiéndole reglas en lo económico y en lo moral.
Otras de las formas de gobierno que se enfrentaron fue el centralismo en contra del federalismo. Los conservadores eran centralistas y los liberales federalistas.
Como nunca se pusieron de acuerdo hubo inestabilidad social desde 1821 hasta 1857, cuando llegó la reforma. No vayamos tan de prisa que hay mucho que decir sobre esta época.
Iturbide fue monárquico primero y cuando fue a pelear en contra de Guerrero, vio su oportunidad para manejar las cosas y hacerse del poder, logrando firmar la independencia de México; contra lo que anteriormente había luchado. Dejó mal sabor de boca en todas partes. Su imperio no le funcionó y no creo que haya tenido una idea de nación, Su paso fue efímero y no logró la estabilidad.
Una vez destronado, nadie hubo con la suficiente fuerza como para imponer orden. Cualquiera con un poquito de labia y teatralidad podía convertirse en líder; fue lo que hizo López de Santana, un militar inestable, engreído, que ocupaba el poder para abandonarlo; y cuando no le gustaba lo que se vicepresidente hacía, se volvía contra él. En una batalla perdió una pierna y la inhumó como si de un héroe se tratara. Fue un gran oportunista.
Cuando los Texanos se quisieron independizar, fue a combatirlo, sacrificando a muchos de sus soldados en el camino y al final perdió la guerra. Para salvarse, cedió territorio nacional y después, cuando los americanos invadieron el país y llegaron a la ciudad de México, no se comportó a la altura. Mandaba parque de oros calibres, pareciera que estaba más con los invasores que con los nacionales. Perdimos la mitad del territorio. Al final salió del país y sólo volvió para ser fusilado.
Hay que hacer aclaraciones. El territorio que perdimos se había conquistado más a base de misiones que de guerras, aunque también aquí hubo confrontaciones entre militares y monjes. De estos últimos, podemos mencionar a los franciscanos, en la alta california, y a los jesuitas, en la baja. Eran grandes extensiones de terreno con pocos habitantes muy lejos de la capital que se manejó más por los parámetros centralistas. Era de muy difícil defensa; sobre todo, insisto, por la división de los mexicanos.
Conservadores y liberales luchan por una idea de nación, según sus convicciones, y no logran ponerse de acuerdo. Los liberales se comenzarán a fortalecer en los tiempos de la reforma. Los conservadores vuelven sus ojos a Europa, ya que los líderes autóctonos solamente han decepcionado, pensando en la necesidad de un rey que en verdad pertenezca a las familias reales que logre imponerse a una nación dividida.
Curiosamente quien fue designado para esta misión fue el hijo del más grande militar de la independencia: Morelos. Su nombre fue: Juan Nepomuceno Almonte, quien de niño había visto pelear a su padre en contra de los monarcas españoles.
Lucas Alamán fue otro de los conservadores que luchó porque los gobiernos funcionaran, participó en alguno de Santana y fue un gran historiador. No todos los conservadores eran malos y no todos los liberales fueron buenos. En este tiempo no existió una patria ni fuerte ni unida. La inestabilidad fue caldo de cultivo para dos invasiones en donde perdimos la mitad del país.
¿Qué pasó en la reforma?