Quienes hayan cruzado un filtro de seguridad en cualquier estadio de futbol de la Liga MX dudarán de cualquier versión de "exhaustiva seguridad" tras la riña casi fatal del pasado sábado 5 de marzo que supuestamente existía por parte de las autoridades queretanas en el estadio de La Corregidora, en el duelo entre Gallos Blancos y Atlas.
Hay reuniones previas entre autoridades estatales y locales, así como la directiva del club anfitrión para poder llevar a cabo los dispositivos de seguridad tanto dentro como fuera del estadio, y decir que no hubo infiltración y colusión entre todos estos actores y los líderes de las barras bravas -porque no se les puede llamar "grupos de animación"- sería ingenuo.
Las imágenes de las familias atemorizadas, los videos en redes sociales y televisoras internacionales de los policías, desatendidos de la que pudo ser la peor tragedia en el futbol mexicano desde el caso del Túnel 29 en el Olímpico Universitario, casa de Pumas, en mayo de 1985, cuando murieron 9 personas por asfixia tras un sobrecupo, son lamentables y vergonzosas.
Si de comparación se trata, Argentina es un excelente testimonio de lo crudo que puede ser dejar que las barras bravas tomen posicionamientos de control y mando dentro de los clubes, quienes controlan en gran medida la venta de boletaje y mercancía oficial del club, dan "tours" por los interiores de los estadios -como es el caso de la Bombonera del Boca Juniors y el Monumental del River Plate- e inclusive, en casos más extremos, pero reales, quitan y ponen directores técnicos y jugadores, así como políticos; y aunque muchos dirán que estamos lejos de esto, ¿será?
Hay cosas que definitivamente no controlan estos grupos de pseudoaficionados mexicanos, pero se desconoce qué tanto están coludidos de otra manera con los clubes o inclusive las autoridades locales.
El futbol mexicano presume de ser apto para la recreación en un ambiente familiar, pero la riña fue una muestra clara de un problema que ha venido creciendo y se ha estado minimizando con creces en todos los niveles sociales. Las autoridades no pueden ni deben ignorarlo más, pues a 24 horas de los hechos no ha habido detenciones -desconocemos si cuando usted esté leyendo estas líneas los haya-.
Si una familia, un menor de edad, un grupo de amigos, parejas o individuos solitarios no pueden disfrutar de un partido, portando o no el uniforme de su equipo, con la certeza de que casos como estos, dentro y fuera de los estadios -pero que se mantienen dentro de sus complejos- se evitarán, no puede llamarse ambiente familiar; una cosa es la pasión, otra cosa es vandalismo y delincuencia.
Sobre ello, ayer fue el Día de la Familia, y al menos en Querétaro se manchó en grande para las familias que iban a disfrutar un partido de sus equipos predilectos, pues las amenazas a la integridad física y hasta la vida fueron más que latentes. Mientras, en la Comarca Lagunera fue la marcha -adelantada- por el 8M, del Día Internacional de la Mujer, y si algo ha quedado de manifiesto una vez más desde su viva voz, es que la violencia debe ser erradicada y que el acceso a la justicia debe ser oportuno.
Condenamos este vergonzoso hecho. La FIFA, la Concacaf, la Federación Mexicana de Futbol y la Liga MX deben emitir condenas y sanciones ejemplares en lo deportivo, y el Gobierno local de Querétaro debe hacer lo mismo contra los "aficionados" que mancharon el futbol y la imagen de México en el mundo, tras atentar contra la integridad y la vida de los asistentes al estadio, esperando que hechos como estos no se repitan en ningún otro estadio de cualquier evento deportivo.