Entre 25 y 30 por ciento de los abonos que México importa son de origen ruso, siendo los otros proveedores China, Indonesia y Chile.
A poco más de una semana de la invasión rusa a Ucrania, además de los saldos en daños y víctimas, la atención se centra también en los impactos económicos que se están generando.
El petróleo mexicano estableció un precio máximo de los últimos nueve años, luego de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus aliados decidieron continuar con su plan de aumento gradual de la oferta de crudo, a pesar del conflicto; así, la mezcla mexicana de petróleo se vendió el miércoles en 105.52 dólares y fue su mayor precio desde el 28 de febrero de 2013, cuando se comercializó en 105.59 unidades.
Ayer, el precio del petróleo intermedio de Texas (WTI) abrió con un descenso del 1.6 % y se situaba en 108.83 dólares, moderándose tras dispararse con fuerza en los últimos días por la guerra en Ucrania.
En otras afectaciones directas a México, más allá de los precios del crudo, cabe resaltar que aunque la relación comercial de este país con Rusia no representa ni siquiera 0.5 por ciento de las exportaciones ni de las importaciones totales mexicanas, específicamente en lo correspondiente a estas últimas, Rusia es el principal proveedor de fertilizantes, ya sean nitrogenados o con componentes de fósforo, potasio y nitrógeno, de México.
Entre 25 y 30 por ciento de los abonos que México importa son de origen ruso, siendo los otros grandes proveedores China, Indonesia y Chile.
Los fertilizantes, señalan fuentes nacionales, son insumos básicos para la producción agrícola. Si un fertilizante se encarece, también la producción agrícola y pecuaria, que a su vez encarece los alimentos, que ya cargan su propia crisis inflacionaria.