Para la Compañía de Jesús, el apostolado educativo ha sido una prioridad apostólica casi desde sus orígenes. Cabe destacar que los fundadores de la orden se conocieron en un ambiente educativo, en la Universidad de París y siendo prepósito general Ignacio de Loyola (1541-1556), se fundaron decenas de centros educativos.
Si bien es cierto al inicio los centros educativos cumplían la función de instruir a los primeros jesuitas, posteriormente, bajo la idea de buscar el bien más universal y conseguir la mayor gloria de Dios, estos representaron un apostolado idóneo para la evangelización. El Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de la Curia General de la Compañía de Jesús, ha señalado en este sentido que:
"Fundar colegios e instituciones de educación formal no figuraba (para la Compañía de Jesús) entre sus objetivos iniciales, sino que esta fue una decisión segunda y derivada de su deseo primario de un mejor servicio a las personas, pero fue una decisión que pronto tomaron. Entendieron primero y comprobaron después que ofrecer educación era uno de los mejores modos en que podían servir a las gentes y sociedades de su época". En relación con esto, la función apostólica de la educación jesuita, según tiempos, territorios y contextos, ha sido diversa durante sus más de 450 años de existencia.
Entre los años 1960 y 1989, periodo caracterizado, según Hobsbawm, por la pérdida de rumbo, la inestabilidad y la crisis en todos los sentidos; la Compañía de Jesús, motivada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), celebró en 1974 la Congregación General XXXII, en donde, siendo General el mítico Pedro Arrupe, se inició un proceso interno de discernimiento respecto a las preferencias apostólicas de la Orden, destacándose primordialmente la lucha de la justicia social desde la fe cristiana y la opción preferencial por los pobres, como sujetos históricos de liberación.
Para David Fernández Dávalos SJ, el apostolado intelectual y educativo, no es un fin en sí mismo, sino un medio para la promoción de la fe y la lucha por la justicia, binomio que, además, propone como un eje articulador de todas las acciones universitarias, siendo incluso, la razón última de su existencia.
Estás preferencias, adoptadas a partir de la Congregación General XXII, no se quedaron en letra muerta. En México por ejemplo, la provincia mexicana las materializó en el momento en que decidió cerrar el emblemático Colegio Patria (1945-1976). Un centro educativo de élite que se caracterizó por la formación de sectores muy privilegiados.
El contexto que estamos viviendo, nos interpela a hacer un alto en el camino y reflexionar, entre otras cosas, si nuestras obras educativas están en consonancia con la Congregación General XXXII y con las que vinieron después, especialmente a lo que hace a la promoción de la justicia desde la fe y la opción preferencial por los pobres.
En este ejercicio, el discernimiento es vital, tanto para comprender los nuevos signos de los tiempos, como para tomar las decisiones correctas.
juanjose.rojas@IBEROTORREON.EDU.MX