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La columna del perro

La ley de Murphy

MVZ. MIGUEL DÁVILA DÁVILA

El mero día de la Virgen del año 2011 nació una perrita de la raza Yorkshire Terrier que estaba predestinada para ser de Stephie Domínguez, a partir de febrero del 2012, después de una historia que empezó desde la estancia de ella en la Ciudad de México, pues la cachorrita convivió con ella de manera casual y desde entonces se hicieron inseparables siendo a ultranza, su compañera y amiga.

La perrita Yorky a la cual llamaron Kía, se la trajo su hermano Mario escondida debajo de la chamarra viajando en avión, pues por aquellos años estaba prohibido llevar perros en el área de pasajeros.

Mario se la da a su mamá, para que ésta a su vez se la regalara a su hermana Stephie, para que le sirviera de compañía y consuelo.

A partir de entonces se hicieron como dije, inseparables, profesándose ambas un amor mutuo y su relación fue total pues se entendían y sabían todo una de la otra.

En la Ciudad de México, Kía, ladraba animosamente cuando Stephie llegaba, prodigándole toda clase de demostraciones de cariño. A partir de entonces, fue que ambas sintieron y se demostraron lo que era tener un amor incondicional.

En su infancia y ya habiendo llegado de la Ciudad de México para vivir en Torreón, en definitiva Kía se divertía con cosas tan simples como jugar con el chorro de agua de la manguera.

La suerte cambió para Kía pues se cruzó y tuvo un parto de alto riesgo (y a decir de su dueña, pensaba "fue mi culpa, por la terquedad de cruzarla").

Estuvo a punto de morir en 3 ocasiones mismas en la que Stephie se comportó a la altura, y de ahí su dueña aprendió como una fuerte enseñanza el "desapego" pues la ley divina dice que todo lo que vive, algún día se tendrá que ir.

A partir del parto distócico, la Kía fue muy enfermiza, representando para la dueña el tener que cuidarla el doble, amén del costo financiero de sus enfermedades.

Stephie se casó y la Kía no fue feliz, y de algún modo se lo manifestaba a su "ama" como diciéndole vamos las dos a regresar a nuestra antigua casa a recuperar nuestras vidas como cuando estabas soltera. En una ocasión ante una fuerte crisis de asma de Stephie, la Kía fue y despertó a sus papás para que la atendieran.

En ocasiones, cuando ella se sumergía en la alberca o en el mar, la perrita ladraba desesperada pues no la veía, y se desesperaba por cosas como esa, y así transcurrió por muchos años esta relación "extraña" pues Kía quería a su dueña pero no le gustaba que la cargara, pero se ponía encima de su pecho cuando Stephie estaba acostada enferma, en ocasiones, ambas tuvieron alergia o asma simultáneamente por eso Stephie siempre decía "sospecho que los perros son almas que vienen a protegernos y en las próximas reencarnaciones deseo para Kía una buena y apreciada vida humana".

Aun siendo una perrita fue para su dueña como su maestra.

Cuando tuvo que irse de esta vida Stephie le escribió, "adiós Kía del Carmen Campeche venciste en muchas ocasiones contra todos los pronósticos a la ley de Murphy, y después de 11 años te vamos a recordar, como un chiste, es decir como la alegría de la casa, deseo que la vida nos vuelva a hacer coincidir en muchas vidas posteriores.

"Te amo sin muerte. Hasta siempre".

Y AHORA PARA TERMINAR UNA GOTA DE FILOSOFÍA: DICEN QUE NO DUELEN LAS DESPEDIDAS. DIGANLE AL QUE SE LOS DIJO QUE SE DESPIDA.

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