Aunque se trate de una frase hecha, procede iniciar diciendo que la violencia ha adquirido carta de naturalización en el país. Es decir, se ve ya como muy natural. No se trata por supuesto de algo desconocido. Todo el mundo sabe que así es, una realidad cotidiana, verificable y lacerante. No faltarán quienes digan, con razón, que la violencia es algo común y generalizado alrededor del planeta. Y es cierto, y quien lo dude ahí tiene como prueba esa infame guerra de Rusia contra Ucrania. Cruel, atroz, de barbarie pura.
Pero hay escalas y grados. En México la violencia ha escalado a niveles que no se veían en cien años. Pero entonces el país se encontraba en plena guerra civil. Y aunque se supone que ahora no, las cifras que arroja la violencia son de cientos de miles de víctimas. Y nadie parece hacer nada. O al menos algo siquiera medianamente efectivo. ¿Cuándo y cómo va a parar todo esto? Nadie lo sabe.
De manera brutal, el sábado pasado en Querétaro en un juego de soccer se desató una horrible batalla campal que ha hecho encender las alarmas. Las escenas transmitidas por las redes sociales son de un salvajismo impresionante.
Escribo estas líneas el lunes por la tarde con motivo de que en un noticiero radiofónico del mediodía, Mikel Arriola (presidente de la liga profesional de ese deporte, a quien por razones profesionales alguna vez traté) dijo que el crimen organizado está ya metido en los estadios de soccer. La cosa es pues mucho más grave de lo que pudiéramos suponer.
Aunque en ningún deporte se puede decir "de esta agua no beberé", no deja de ser significativo que la violencia se presente particularmente en el soccer. Ejemplos de ello, se han registrado en Argentina, Ecuador, Honduras-El Salvador (que incluso llegaron a declararse la guerra), España (me tocó hace años ser testigo en Madrid de una gran trifulca entre ingleses y españoles) e Inglaterra, donde los flemáticos británicos súbitamente se transforman en fieras salvajes como aficionados de ese deporte.
Se suele decir que ese deporte se torna violento por ser un juego de contacto directo entre los rivales, violencia que luego se transmite a los aficionados en las tribunas. Sin embargo, de igual naturaleza son, entre otros, el futbol americano, el basquetbol y el hockey, hoy tan de moda en EUA y Canadá, y que se sepa en éstos no ocurre algo igual.
En el beisbol no puede haber mayor enfrentamiento que el que a lo largo del juego se da entre pitcher y bateador, y aunque efectivamente es aquí donde se provoca el mayor número de conflictos, ni remotamente se comparan con los que arriba se comentan.
Se suele explicar también la violencia en el soccer con el argumento de que un deporte tan emotivo como éste es natural que tienda a provocar tal tipo de reacciones. Hasta donde se sabe no es así. De acuerdo con el monumental estudio realizado por la Universidad de Bristol entre los cinco deportes con el mayor número de seguidores, es el beisbol el que genera mayor emoción humana. Entonces éste no es argumento.
En buen plan, debe analizarse a fondo el problema de la violencia y tratar de encontrarle una solución. Con mayor razón ahora por lo que ha señalado Mikel Arriola.