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Las palabras tienen la palabra

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Curioso origen de algunos nombres

JUAN RECAREDO

Ya se ven los adornos navideños por doquier y apenas empieza noviembre… ¡es una locura!

A mí me parece que todavía falta mucho para decir que oficialmente ha empezado la época navideña, pero cada año parece que se adelanta más.

En la calle veo ya adornos de pinos, estrellas, veladoras y campanas, que por cierto, me hizo pensar: ¿de dónde vienen las campanas? Le cuento entonces que en una región italiana fabricaban esa especie de conchas metálicas que por su forma y por el material con el que estaban hechas, le pegabas con algo contundente y el sonido así producido alcanzaba grandes distancias.

El lugar comprendía parte de lo que hoy es Nápoles, Avellino, Salerno y otras provincias, y se llamaba Campania. De ahí surgió que a aquellas enormes conchas sonoras metálicas se les llamara “campanias” y después, ya en nuestro idioma, “campanas”. ¿Lo sabía usted? Así es la historia de los nombres, muchas veces fantástico y legendario.

En muchas ocasiones es difícil saber si son ciertas estas historias o si son falsas, pero igualmente se disfrutan. Aquí otra historia, más de nutrición. Antes de la llegada de los españoles en las Antillas Menores habitaba la tribu de los Caribes, nombre que ha prevalecido hasta la actualidad para toda esa región. Para algunas tribus indias que se enfrentaron a ellos, el nombre de los caribes era un poco difícil de pronunciar y les llamaban Caniba.

Y como los Caniba eran muy crueles y esclavizaban a sus mujeres y a sus niños, mientras devoraban literalmente a los hombres, se les quedó el nombrecito de Caniba que luego se transformó en caníbal para designar a todo aquel salvaje que se almorzara al prójimo. ¿Quiere otra historia de este tipo? Claro. Allá por el año 100, a de C. se introdujo en Roma un frutito rojo que a casi todos les encantaba, y cuando alguien preguntaba de dónde lo trajeron no faltaba quien contestara que de Cerasus, que era una provincia romana del Ponto, a orillas del Mar Negro, lo que son ahora terrenos turcos.

Pues como el frutito venía de Cerasus, pronto empezó a llamársele cerasum, que es el gentilicio, es decir, el adjetivo que se aplica al que proviene de esa provincia. El hecho es que la palabra cerasum con el tiempo se convirtió en cereza que es como la conocemos ahora. Son anécdotas muy simpáticas que se dan cuando se pone uno a explorar el origen de las palabras.

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