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Los pactos

PATRICIO DE LA FUENTE

"Me maravillo a menudo de que la historia resulte tan pesada, porque gran parte de ella debe ser pura invención". 

Hace muchos años terminó una de las reglas no escritas del sistema político mexicano. Ante un modelo presidencialista de enorme concentración de facultades y prerrogativas en una sola persona, resultaba inviable que el poder y los reflectores recayeran o pudiesen ser compartidos por otros.

Al concluir cada sexenio, los expresidentes se retiraban de la vida pública, evitaban hacer política activa y daban paso a que su sucesor brillara desde que era ungido como candidato por el gran dedo elector. Además, entre el mandatario entrante y saliente se tejían inconfesables pactos de no agresión para así dar continuidad al sistema y evitar fracturas al interior del partido hegemónico.

Los silencios de quienes ya no eran resultaban sepulcrales, lacónicos, duros. Otros eran los hombres y los tiempos, solo quedaba resignarse, después de haber sido todo, a no ser más.

Entre las consideraciones primordiales para elegir a su sucesor, los mandatarios en turno intentaron, algunos con infructuoso éxito, que el siguiente depositario del poder le cuidase las espaldas y respetara el legado.

Al abandonar la presidencia, Plutarco Elías Calles ejerció como eminencia gris detrás del trono. Durante el llamado maximato, cuando se autonombró "jefe máximo de la Revolución", Calles eligió y encumbró a Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez a la primera magistratura del país. Dicho periodo terminó en el gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando logra expulsar del territorio a Calles y con ello verdaderamente da comienzo a su administración al haberse librado de un personaje que por muchos años movió todos los hilos políticos del país.

Pese a ciertos sobresaltos ocurridos durante los sexenios de la década de los setenta del siglo pasado, el pacto de no agresión entre el presidente entrante y el saliente era respetado a cabalidad.

Principal beneficiario del magnicidio acontecido en Lomas Taurinas aquel 23 de marzo de 1994, Ernesto Zedillo autoriza y da rienda suelta a la detención de Raúl Salinas de Gortari como presunto responsable del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Con ello y por primera vez en la historia reciente, Carlos Salinas de Gortari y Zedillo entrarían en una confrontación directa que pese a los años subsiste. Cabe recordar que hacia 1995 Salinas se dijo víctima de una persecución y emprendió aquella mediática huelga de hambre desde una colonia popular de Monterrey. Tras ello, el exmandatario abandonó el país.

Como pocos, el escritor Luis Spota supo retratar, en los seis libros que componen La Costumbre del Poder y que de nuevo se han editado en una espléndida compilación, las tribulaciones que acongojan a nuestros monarcas sexenales al verse despojados de la banda presidencial. En El Primer Día, quizá el mejor tomo de dicha serie, Spota da cuenta del extravío que padece Aurelio Gómez Anda, expresidente de una República inventada en la ficción, pero peligrosamente cercana en la realidad.

"Es la historia de un hombre atrapado en la soledad absoluta, el mismo día que abandona el poder supremo dentro de un imaginario país que puede ser cualquiera de los existentes en América Latina, como México. Un gran libro que refleja fielmente el canibalismo político de estas latitudes. El Primer Día es la novela de la corrupción, la soledad, la ingratitud, la ignorancia y la venganza de un hombre que después de ser presidente se convierte en el ser más vulnerable e indefenso objeto del canibalismo político y ahora lo hace víctima de las maniobras del nuevo mandatario, que intenta borrar todo rastro de su periodo".

No han sido buenas semanas para el presidente López Obrador, quien, al verse acorralado a raíz de la investigación de Carlos Loret que puso en evidencia el fastuoso tren de vida de uno de sus vástagos, ha elevado la retórica y la confrontación a niveles peligrosos e insospechados.

Hace un par de días el mandatario invitó a los reporteros que cubren la fuente a un recorrido por Palacio Nacional, lugar donde habita y trabaja desde el inicio del sexenio. Al término de la visita, desgastado por una infinidad de problemas que no le dan tregua ni descanso, López Obrador volvió a referirse a lo que podría ser su vida después de dejar la presidencia. "Ya no puedo más, cierro mi ciclo y me retiro", sentenció.

Aunque todavía le falta un buen tramo al sexenio, en poco más de un año Morena habrá de elegir a su candidato presidencial. Ante el enorme poder que concentra y detenta Andrés Manuel López Obrador, resulta improbable el que el hoy presidente decida no meter las manos en el proceso. Podemos anticipar, como en los mejores tiempos del PRI hegemónico, que López Obrador optará por regresar al juego del tapado y él será quien elija a quien intente sucederlo. También, como ocurre en las novelas de Luis Spota, el tabasqueño habrá de meditar largamente quién sería aquella mujer u hombre capaz de blindar y proteger a su legado y persona, contra viento y marea. Luego, quizá, tenga que ponerse a rezar.

A diferencia de los tiempos del priato, hoy nada garantiza la continuidad del proyecto lopezobradorista ni su tranquilidad como expresidente.

Twitter @patoloquasto

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