(FERNANDO COMPEÁN)
El amor a la vida y la frustración que deriva de pensar y saber que sólo se vivirá una, es lo que ha llevado a Arturo Aranda a dedicar la mayor parte de su tiempo a la actuación.
Su amor por este arte comenzó a los 17 años mientras estudiaba la preparatoria y fue gracias a su entonces maestra Cony Múzquiz que logró conocer y adentrarse en este mundo.
“Me acuerdo que un día salí de clases y caminaba por los pasillos de la escuela y me asomo a donde estaba el grupo de teatro coordinado por Cony y me dice ‘pasa’. Paso, intento, empiezo y me gusta. Me hacía sentir libre, me permitía jugar, me permitía ser algo que no soy, sin dejar de ser yo.
“Siempre he dicho que soy un hombre supercurioso, muy inquieto y que le tiene mucho miedo a la muerte. Siempre me he preguntado cómo puede ser posible que sólo tenga una vida y sólo pueda escoger ser algo, ¿me explico?. Y la disciplina que me permite ser muchas cosas, es la actuación”, asegura Arturo.
Ese interés lo llevó a permanecer cuatro años en el taller de teatro del Isauro Martínez, dirigido en ese entonces por Humberto Rivera, y a seguir actuando durante la universidad, mientras cursaba la carrera de Comunicación.

En el 2006, tras estudiar la técnica clown, fundó junto a otros conocidos “Médicos de la Risa de la Laguna”, un grupo dedicado a brindar contención y apoyo a grupos vulnerables de salud, mediante el juego y el clown, y así mejorar su entorno emocional. Ahí, recuerda Arturo, empezó su interés por los temas sociales y seguirían siendo parte de su vida y hasta la fecha.
Al salir de la carrera, Grupo Lala lo contactó para trabajar en su corporativo en el área de Relaciones Públicas y ahí mismo tuvo la oportunidad de producir tres puestas en escena, de las cuales protagonizó dos: Vaselina y El diluvio que viene.
Seis meses después, la Asociación Cívica de la Laguna lo contacta para trabajar con ellos en un proyecto pensado en beneficiar a la Comarca Lagunera.
“Ellos sabían que me estaba especializando dentro de la empresa y creían que yo podía apostar a esta institución, que se encarga de generar liderazgos sociales, identidad en la región, ayudarlos a crear ciudadanía, sentido de comunidad y emprendimientos sociales”, comparte Aranda.
Así, lo que al principio comenzó a llevar a cabo como una encomienda, terminó enamorándolo de la causa.
“El joven representa muchas cosas. Yo fui un hombre que vivió mucho la juventud. Afortunadamente en casa fui un joven superquerido, la comunicación y el amor siempre fueron algo importante, nunca viví circunstancias difíciles y trabajando con los jóvenes veo que esa no es toda la realidad. Y cuando veo que existen más personas, que no tuvieron las mismas posibilidades que yo, de vivir en un entorno de amor, me empecé a apasionar por buscar la forma de acompañarlos, en estar con ellos, en buscar lograr sus objetivos y guiarlos. Todo eso se volvió mi pasión, porque entonces veo cómo hay jóvenes que viven bajo las expectativas de adultos y viven súper infelices”, cuenta Arturo, quien desde el 2015 a la fecha ha trabajado con 900 jóvenes con la intención de fomentar en ellos habilidades de liderazgo, ciudadanía y emprendimiento.
Con todo y esa labor, el compromiso de trabajar con estas generaciones no lo apartó de su interés por la actuación y ha seguido ininterrumpidamente. Ha participado en cortometrajes y producciones nacionales, como la serie Somos, de Netflix y la película La Civil, dirigida por Teodora Mihai y protagonizada por Arcelia Ramírez.
Junto a otras compañías de teatro, Arturo ha encarnado personajes en obras como La Pinche India, Destino, Resiliencia y otras que trabaja actualmente con la compañía Hoja en Blanco.
“Ahorita estoy actuando en Charenton, que está basada en una obra que se llama Marat-Sade de Peter Weiss y trata sobre el Marqués de Sade dentro del manicomio de Charenton. Él escribe una obra de teatro que protagoniza Jean-Paul Marat, el líder de la Revolución Francesa. Yo soy Marat y la historia habla de Sade montando la obra con los locos del manicomio, tratando de dar una explicación sobre los pensamientos que tenían ambos en esta etapa de la Revolución. Y a la par, estamos montando la obra Corazón Gordito, que habla mucho del cuerpo, del body positive, de las mujeres en los deportes, un poco del feminismo y se estrena para abril-mayo”, cuenta el actor.
Ante la pregunta de si vería su vida si fuera una obra de teatro, Arturo piensa unos segundos y sonríe repentinamente. “Creo que sí la vería. Creo que sería divertida, pero a la vez dramática. Sería muy pasional y con muchos giros de tuerca. Creo que hasta me atrevería a decir que más que obra de teatro sería una película de acción”, asegura.