A LOS 30 AÑOS DE SU EDAD JOHN DEE SE ENAMORÓ POR LA PRIMERA VEZ.
Antes jamás había puesto los ojos en una mujer. Sus días y sus noches los ocuparon sus libros, sus instrumentos astronómicos, sus hierbas curativas. Ahora era otro John Dee. Estaba enamorado.
El objeto de su amor no fue una infanta, ni una doncella de elevada alcurnia, ni una novicia de convento. Fue una moza campesina a la que conoció en el mercado de la aldea cuando vendía una lechigada de cochinillos. Tenía 20 años; era alta y abundosa de pechos y caderas; su gruesa trenza rubia le llegaba a la cintura; sus grandes ojos eran del color del manto de la Virgen.
La desposó una madrugada en la capilla de la aldea. Esa noche fue ella quien lo tumbó en la cama y le enseñó artes para él desconocidas. Para Dee ya no hubo libros, ni aparatos de astronomía, ni hierbas medicamentosas. Hubo sólo ella.
Ahora ven conmigo al mercado de la aldea. Verás a un hombre que está vendiendo una lechigada de cochinillos. Junto a él está una mujer con un niño en sus brazos y otro en su seno. El hombre es John Dee. Míralo bien. Verás que es feliz.
¡Hasta mañana!...