Aprovechando que continua el mes de marzo, continuaré escribiendo un poco de las mujeres odontólogas, a pesar de que la Odontología como profesión es joven, se tiene mucho tiempo practicando.
Desde principio de los tiempos, cuando curar, era en ceremonias sagradas celebrada por mujeres bendecidas, transmitían sus conocimientos secretamente de madres a hijas.
Se encuentran en antiguos papiros egipcios, descripción de tratamientos para diferentes problemas dentales. Se utilizaba la pasta dental realizada a base de pezuñas de buey, quemadas y trituradas, mirra entre otros. Lo que no se encuentran son nombres de mujeres que se dedicasen a la profesión, lo que no quiere decir que no existieran, porque sí se sabe de mujeres que "curaban" males.
Mucho más tarde, en el Talmud, parece mencionar a una mujer (pagana) que cura el mal de dientes. De Grecia, tenemos farmacia, derivado de la maga Pharmacusa. Y el famoso médico Asclepio (el Esculapio romano) tuvo toda una descendencia "médica" con su esposa Epíone: De Higea deriva higiénico; de Laso, curación; de Meditrina, medicina (mederi es curar en griego); y Panacea acabó nombrando a aquello que todo lo cura.
Finalmente, en la antigua Grecia, las "médicas" (iatrois en griego) eran sacerdotisas de la Diosa Atenea Médica, y mujeres expertas en el "arte de curar." En la milenaria Roma, era muy apreciada la "orina de los Iberos", con la que se elaboraba un blanqueador dental muy utilizado, sobre todo por las damas, sin saber que el blanqueamiento era un efecto de la ureaderivada de la orina y con la que hoy se elaboran productos para ese fin… pero infinitamente más higiénicos.
El caso es que Cayo Catulo ya lo cantaba: "En el país de Celtiberia, lo que cada hombre mea, lo acostumbra a utilizar para cepillar sus dientes y sus rojas encías cada mañana."
En la Edad Media, pese al oscurantismo que acompañó a todo el periodo, donde a las "curanderas" y "sanadoras" se las trataba de "brujas" y eran condenadas a la hoguera, surgen mejores ideas, como las aportadas por la gran Hildegard von Bingen (1098-1179), que es la primera mujer que escribe sobre los problemas dentales, concretamente en su libro "Liber simplicis medicinae" (capítulo "causas et curae"). Los tratamientos que propone son a base de hierbas y aceites, y así, recomienda perforar los abscesos dentales con el calor del "áloe y la mirra excitado por el fuego de los carbones incandescentes", para expulsar todo el pus que pudieran producir (el calor se utiliza hoy en día para obtener el mismo efecto).
En términos legislativos la reina Isabel la Católica (1451-1504) la primera monarca en establecer en España una legislación para ejercer "el cuidado de la dentadura", con la llamada "Célebre Pragmática" promulgada el 9 de abril de 1500. En esta ley (que estuvo en vigor hasta el siglo XIX) se encomendaba el cuidado de los dientes a los "barberos Flebotomianos", quienes debían examinarse ante "Alcaldes examinadores y Barberos Mayores" para poder ejercer.
A finales del siglo XV son ya varios profesionales de prestigio los que se encuentran en posesión de "cartas de nombramiento de Barberos Mayores", pero no existe ningún tipo de formación para ellos. Continuará...