"Un jugador de ajedrez es primordialmente un actor. Se sienta en el escenario preguntándose qué jugada le va a agradar más a la concurrencia".
Mijaíl Tal, excampeón mundial 1960-61.
1769 aparece "El Turco", autómata capaz de replicar cada jugada de un ajedrecista con otra contraria que le aseguraba ganar la partida. Consistía en una cabina con un maniquí vestido con túnica y turbante sentado sobre ella. La cámara tenía puertas que abiertas mostraban un mecanismo de relojería y cuando se activaba era capaz de jugar ajedrez contra un humano a alto nivel. Un sistema de espejos despertaba la ilusión de transparencia en ese espacio. Realmente dentro un enano avezado en ajedrez guiaba mediante imanes las piezas y, con hilos, la mano del muñeco. El maestro escondido dentro contaba con una ventaja al asustar a sus oponentes haciéndoles creer que el autómata era invencible, poniendo nervioso al retador.
Todos estaban convencidos que había una farsa y que los estaban engañando, pero aceptaban la simulación; algunos jugadores se retiraban de la partida por injusta, otros lloraban cuando descubrían ser alfiles sacrificables, aunque ese llanto ridículo nadie creía; algunos más simulaban enojo para retirarse sin la vergonzosa derrota, a ratos la fila de aspirantes para jugar crecía, aunque muchos de ellos eran bastante incapaces para retar.
Podemos imaginarnos un equivalente de este invento como un androide en la política, en la que se buscaría que ganará el astuto muñeco provocando desesperación en sus opositores: este fingimiento sería utilizado por quienes no son capaces de generar nada nuevo, repiten las jugadas de sus oponentes y solamente ofrecen gastados insultos, agresiones y mentiras.
Cuando la única esperanza radica en la impotencia, se crean Frankensteins. Pirados y mitómanas agresivas, juniors incapaces cuya única virtud es explotar su ancestral o nobiliario apellido o postulantes indígenas e indigentes que jamás fueron autóctonas y menos aún pobres; sus propios familiares y vecinos les delatan y la inteligencia artificial arregla cuerpos y blanquea rostros… en fin, Porfirio Díaz si era indígena con piel oscura; a él doña Carmelita le aclaraba la faz. Había una vez, pero ya no…
Cada día se pone más interesante la partida por la presidencia del país, los enroques se vuelven atractivos: surgen pantomimas como "Viva México" burda parodia de la ultraderecha que ya saco a la luz su "yunque" y alzó la "vox" amenazando con "Jaque a la descubierta" a la alianza amplia lanzando independientes.
"Congruencia con México" expriistas acusando de demagogia al patético actual dirigente nacional de dicho partido; quien demuestra que no entiende, no cree la debacle, por el contrario, insulta a los que se van y garantiza que su militancia ha crecido y hoy está más fuerte que nunca. Estos defenestrados piden voz para todos "como en el PRI de antes". ¡No es burla!, recordemos: GDO, LEA y/o JOLOPO auscultaron la militancia popular para decidir quién les sucedería a ellos…
Hoy se juega una sola partida en dos tableros diferentes, uno ya definido cupularmente sin interés en atenderlo. Otro si provoca verdaderos envites ajedrecísticos, analicémoslos: Un inusual "gambito de dama" jugado por senadora que se sentía indispensable y resultó jaqueada surgiendo otra casi de la nada, una burbuja inflada con increíble rapidez que así mismo podría desinflarse… En esto se ve claramente una "jugada trampa", auténtica celada creando una pompa distractora del contrario para luego sacar la pieza clave que sería la finalista absoluta; un jaque peligroso donde no importan las personas, son piezas sacrificables en una "jugada de doble filo" que provocaría del contrincante una "jugada forzada".
Este magistral movimiento provocó "Mates al pastor" a candidatos serios sorprendidos, aunque hay quienes apuesta que el mencionado dirigente partidista podría está agazapado en un escenario oscuro y hasta se atreva a desobedecer al jefe supremo y decida seguir su artrópoda naturaleza depredadora.
Quedan dos jugadas interesantes: "Peón al paso"; consiste capturar un peón adyacente que se encuentre a su lado, ir por aspirante de otra fuerza que se sume con fortaleza electiva; finalmente siempre podrá usarse el Gambito "Pitorreo"; tras perder caballos, alfiles y torres, festinar que le tumbaron seis peones al rival y que en números están iguales: =seis a seis= asegurando que así ganarán el partido.