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Quemayama es el remedio

YEUDIEL INFANTE.-

La pequeña Itzel enfermó cuando sus padres decidieron separarse. Eran los años ochenta del siglo pasado y el joven matrimonio, formado por una ama de casa y un poeta del son jarocho, vivía con su primera y única hija en Minatitlán, Veracruz, a orillas del Golfo de México. Tan pronto se distanció la pareja, las cosas fueron de mal en peor con la bebé, quien, muy joven aún para nombrar sus malestares, no paraba de llorar. Nada parecía tranquilizarle. Día y noche pasaba envuelta en llanto ante la creciente desesperación de los afligidos padres, quienes enfrentaban la amarga incertidumbre atravesados por las circunstancias de su divorcio. Los médicos no encontraban origen al problema, los tratamientos, todos experimentales, no traían alivio a la pequeña y, encima de todo, la economía ya no daba para buscar más opiniones. Para colmo de sus males, las cosas empeoraban; una mañana terrible, la mamá descubrió extraños restos entre las cobijas de Itzel. Sin dar crédito a sus ojos, llamó al papá. De su boca salió una desoladora frase que nunca pensó tener que pronunciar: "Patricio, a la niña se le está cayendo la piel".

El dinero nunca alcanza cuando lo que hay que comprar es un milagro. En busca de un especialista capaz de salvar a Itzel, fueron vendiendo sus pertenencias para poder pagar doctores. Poco a poco se fueron muebles, aparatos, instrumentos musicales… La casa y el pecho se les vaciaban mientras depositaban su fe en tratamientos tan diversos como inútiles. Amargo desfile de médicos tan confundidos como los padres de la jovencísima paciente, que seguía llorando su llanto.

Cuenta Patricio que rezaba todas las noches. Todas las tardes. Todas las mañanas. Su oración ya no cesaba cuando iba por la calle, cuando conversaba. Rezaba cuando estaba trabajando. La vida se le volvió plegaria. Pero nada de milagros. Dice que un día, exhausto de repetir versos, se dio cuenta de que había rezado todas las oraciones que conocía, dice que "se agotó todas" sus oraciones. Pero la fe de Patricio era más grande que su desaliento; comprendió que debía crear nuevas coplas, en verso jarocho, como él sabía, para sus preces. Entonces sucedió.

"El silencio es un tormento / cuando no hay contestación".

La mamá lleva a la niña a Catemaco para pedir el favor de la Virgen del Carmen. Afuera están los hierberos.

"Cuando no hay contestación / el silencio es un tormento".

Los padres de Itzel piensan que se acaba el tiempo. Deciden probar más allá de la ciencia. 

"Y le voy gritando al viento / ¿Qué te pasa, corazón?".

Una madre consternada busca un hierbero que salve a su hija. Pero, ¿cuál de todos será el bueno?

"¿Qué te pasa, corazón? / ¿Dónde está tu sentimiento?".

Una desconocida mira a la pequeña Itzel. Sabe quién es la curandera para ella, pero se trata de una mujer errante y nunca se sabe dónde se le va a encontrar.

"Chupamirto de oraciones / del embrujo del rosal".

Milagrosamente la encuentran a la orilla de la Laguna de Catemaco. La curandera mira a la bebé. Ella sabe qué tiene.

"Solíviame los temores / con el fuego del copal".

La mujer explica que alguien arrojó una maldad contra la madre embarazada y la absorbió la pobre Itzel.

"Quemayama es el remedio / del jardín espiritual".

Le prescribe una infusión y oraciones. Dice que la bebé estará curada en quince días.

"Quemayama" no es un son como cualquier otro; Patricio Hidalgo, su autor, dice que es un son medicinal. El nombre le vino de pronto, durante sus plegarias, como un recuerdo de vidas anteriores. Algún instante le reveló que los cuidados, las hierbas y las oraciones que curaron a Itzel, eran en conjunto, Quemayama y Patricio decidió poner música a esos versos de son con que rezaba.

Itzel sanó a los quince días exactos, como predijo la curandera, y creció como cualquier niña saludable. Quemayama se convirtió en uno de los sones más queridos de México y el mundo. Patricio cuenta que ese son, la más especial de sus creaciones, le abrió puertas que nunca imaginó. Sobre todo, la de llevar el son jarocho a otros países. Hoy, aquella bebé es una mujer adulta que conoce la tranquilidad de su madre que la llevó a Catemaco y ha sido testigo del destino de las oraciones de su padre, quien, a principios de año, ganó el Grammy Latino en la categoría "Mejor álbum de Latin jazz" por "Fandango At The Wall In NY".

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Escrito en: Antífona

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