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Arsénico en Torreón, veinte años atrás

JULIO CÉSAR RAMÍREZ

En 2003, la noticia de la presencia de arsénico en las 64 bombas de agua que abastecían a la ciudad de Torreón, era la reiteración de que el siglo veintiuno había sorprendido a la sociedad desinformada, ignorante, sumergida y atrapada en los asuntos ambientales y de salud pública. Veinte años después, la pregunta es ¿qué ha cambiado?

Los resultados que determinaban la presencia de arsénico en las fuentes de abastecimiento del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (SIMAS), venían a destruir un mito: el agua de Torreón ya tenía arsénico.

Según los datos que se aportaban, el 30 por ciento de los pozos estaba por encima del promedio general en metaloide; uno, marcado con el número 50, en la colonia Zacatecas, quedaría fuera de norma el 1 de enero del 2004 y había un área crítica en la falda de la sierra de las Noas.

Los datos salían del Laboratorio de Calidad del Agua del SIMAS, mayo del 2003. Un reportaje periodístico lo revelaba.

En los doce meses siguientes, Torreón tendría su prueba de fuego, máxime que en el crecimiento de la ciudad hacia el norte y el oriente, se mantendría en vigor la restricción de la Conagua para la apertura de nuevos pozos.

Las cifras del SIMAS eran contundentes. Daban cuenta de que en esa actualidad se abastecía a 135 mil usuarios domésticos, comerciales e industriales, y de que 547 mil 295 personas vivían en colonias, fraccionamientos y comunidades rurales, con presencia de arsénico en el agua y las estimaciones indicaban que para el año 2010, el número podría ascender a 581 mil habitantes.

Ambientalistas y toxicólogos intentaban advertir sobre la urgencia de prevenir una potencial crisis, en la que estarían involucradas tanto la cantidad como la calidad, acceso y pérdidas del agua potable, sus vinculaciones con el medio ambiente y la salud pública en Torreón.

Sin embargo, los efectos que en la salud propicia la contaminación del agua, provocaban también actitudes sorprendentes en sectores oficiales, que menospreciaban e incluso ocultaban o descalificaban estadísticas, investigaciones científicas, estudios clínicos, referencias epidemiológicas y recomendaciones internacionales. Todavía lo hacen.

Treinta y cinco de las bombas que abastecían a Torreón, presentaban concentraciones de arsénico por arriba de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que era de 10 microgramos por litro, respetados en Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) sugería un máximo de 5 microgramos de arsénico por litro, en busca de una mejor calidad de vida.

Es decir, que 63 de los 64 pozos de la ciudad de Torreón estaban fuera de esa indicación.

Más aún, las 64 bombas que abastecían a la ciudad estaban contaminadas con arsénico; unas más, otras menos.

Un documento interno del gobierno municipal firmado el 2 de octubre del 2003 por el entonces gerente general del SIMAS, Fernando Alatorre Dresel, revelaba que las 64 fuentes de abastecimiento -número de ese tiempo-, presentaban contaminación con arsénico en cantidades que iban de 5 miligramos por litro, a 35, que era el límite que establecía en ese año la Norma Oficial Mexicana (NOM-127 SSA 1 1994) para este metaloide.

Hasta el año 2000, dicha norma, que era el marco legal de la potabilidad del agua, permitía una concentración límite de 50 miligramos de arsénico por litro. En 2001, bajó a 45, en 2002 a 40 y en 2003 a 35. En México, valores superiores se consideraban riesgosos para la salud.

Para el año 2004, la NOM se modificaría nuevamente, a 30 y en el 2005 quedaría en 25.

El reporte del SIMAS identificaba un sitio donde la contaminación había llegado al límite de la norma establecida para el 2003: la bomba 50, localizada en la calzada Peñoles de la colonia Zacatecas, en la falda del cerro de las Noas, registró 35 miligramos por litro, fuera de norma el 1 de enero del 2004.

Hasta el mes de diciembre, esa perforación de 160 metros, y con gasto de 70 litros por segundo, abastecía desde hacía veinte años a colonias pobres asentadas al suroeste de la ciudad: la Zacatecas, la Francisco I. Madero, una parte de la Primero de Mayo, y la Diana María Galindo, la más pequeña, de reciente creación en esos días.

En el mismo sector había otros dos pozos con alta concentración de arsénico. Los números 30 y 46, ambos en calzada Industria de la colonia Compresora; el primero con 22 miligramos por litro y el segundo con 25.

Esto constituía una franja crítica, de foco rojo, en la falda de la sierra de las Noas. El resto de la ciudad presentaba ya rasgos de contaminación del agua.

Esa problemática era causada por la gran explotación de las fuentes subterráneas. La construcción de las presas sobre el río Nazas, había disminuido la recarga natural de acuíferos.

La contaminación del agua era un drama de futuro que tocaba ya a la puerta de Torreón, ciudad central de La Laguna.

Terminaba una época. ¿Qué pasó después?

@kardenche

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