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La depresión es un trastorno que incluye algunos síntomas que se agudizan con el tiempo si no son tratados oportunamente por un especialista.
A los constantes cambios físicos y psicológicos de la etapa adolescente pueden sumarse algunos síntomas como el cansancio extremo, la dificultad para interactuar con otros, la sensación de tristeza y melancolía extremas, así como padecimientos que llegan a pasar desapercibidos.
Sin embargo, es posible que los profesores o maestras a cargo del aula logren identificar señales de alerta en los adolescentes que ayuden a prevenir o evitar que se agrave cualquier afectación en su salud mental.
“La depresión, por sus propiedades, va exaltando o agudizando los síntomas, al punto de que cuando se unen, por así decirlo, crean un cuadro depresivo que a veces puede estar asociado a otras dificultades como trastornos psicoafectivos, por ejemplo, en donde la depresión pudiera ser el origen de otras conductas u otros comportamientos más gravosos”, explica Agustín Palacio Castañeda, psicoterapeuta y docente universitario.

¿Qué puede ocasionar la depresión a los adolescentes?
Creo que es multifactorial en esta etapa de la vida. El adolescente en la secundaria, por ejemplo, está transitando de la etapa de la infancia a esta primera parte que tiene que ver con su juventud y va a pasar por cambios físicos y psicológicos. Incluso a nivel biológico, porque las hormonas comienzan a funcionar de manera diferente.
A eso además agrega los problemas que pueden llegar a suscitarse en casa, como algún divorcio, separación o problemas en la pareja parental.
También llega a afectar que la institución es poco estructurada, cuando los profesores no están tan presentes y de alguna manera es como la sustitución de las figuras parentales en la escuela.
¿Qué tanto puede intervenir un profesor con un alumno deprimido?
El papel del profesor frente al alumno principalmente es facilitar y acompañar en el proceso de aproximarse al conocimiento. No sólo se es una figura de autoridad, sino a veces afectiva que puede llegar a tratar de comprender lo que el alumno está pasando.
A veces hay estos sistemas de tutorías y asesorías en donde se trata de que el profesor pueda estar más presente con los alumnos, que se convierta en un lugar donde sepa el alumno que los pueden buscar, a lo mejor no siempre para ayudarles a solucionar lo que les pasa, pero sí para sentirse contenido ante las dificultades que está presentando.
¿Cuáles son los cambios de actitud más comunes que llega a identificar el profesor?
Pueden llegar a ser muy variados, precisamente por esta transición que hay de ser niños a adolescentes. Hay cambios comportamentales que pudieran estar asociados a que forman parte de este proceso de desarrollo y podríamos llegar a confundirlos con lo esperado en el adolescente, lo que comienza a ser patológico.
Otro de ellos es el aislamiento que llegan a tener respecto a los grupos de trabajo, los propios compañeros, o incluso el propio profesor. Por eso tenemos esos alumnos que están hasta atrás del salón que luego dan la sensación de que están en clases pero la realidad es que están buscando estar totalmente aislados del entorno donde están y ese aislamiento lleva luego que tengan poco contacto con los demás, se acerque menos al profesor y que éste piense que por el hecho de no dar problemas, porque son muy serios o porque son introvertidos, entonces no necesitan tanta ayuda.
Los alumnos que son violentos, agresivos, que pareciera que no tienen un control adecuado de sus impulsos, ahí probablemente pudiéramos encontrar ciertos rasgos depresivos y que precisamente se detonen en esta forma de agredir.
¿Cuáles son los errores más comunes de los padres y maestros ante esta situación?
Creo que en ambos el señalar y castigar antes de entender. Otra es que, fruto de la incompetencia emocional y pedagógica, no pueden entender más allá de lo que el alumno está tratando de decir con su comportamiento. Porque a veces lo que podemos observar, lo vemos de manera muy textual y muy concreta, cuando puede ser que el alumno puede darnos a entender mucho más de lo que estamos observando. Muchas veces pasa que tanto los padres, como los profesores y las autoridades educativas, al momento en que reprenden al alumno, no ayudan a que el síntoma desaparezca, sino que en múltiples ocasiones, lo que hacen es agudizar todavía más el comportamiento.
Es como si dijera: el chico está pidiendo a gritos ayuda, pero son gritos silenciosos, porque no lo está haciendo como el adulto espera que se lo diga.
¿Cómo pudiera el profesor abordar el tema de la depresión dentro del aula?
En primera, desde su propia cuenta, informarse acerca de todos los cambios biológicos, psicológicos y afectivos que pueden llegar a pasar los adolescentes que van a ser sus alumnos durante dos o tres años. Comprender acerca de este funcionamiento psíquico, emocional y social que se llega a tener en esta etapa de la vida.
En segunda, fruto de esa comprensión, ponerlo en evidencia en la observación al momento de impartir una clase. Por ejemplo, si vemos que un alumno está molestando a otro, sería que el profesor no solamente observe, sino que actúe señalando el comportamiento, poner sobre la mesa o dar espacios dentro del aula de clase para poder expresar afectos y emociones desde otro lugar que no sea la agresión. Esto ayuda a que el alumno agredido sienta que está en un ambiente que le puede dar contención.
Por otra parte, si yo como profesor comienzo a observar que a pesar de esta estimación o contención que yo puedo dar en ese tiempo de clase, sigue apareciendo síntomas como los que se mencionaron anteriormente, es de importancia que se hable el tema con un nivel más superior en la institución para que ésta pueda tomar acciones más concretas, que quizá no están a la mano del profesor encargado del aula.
¿Qué puede hacer papá y mamá?
Ante un panorama en donde el hijo o la hija puede estar pasando por una afección como la depresión. Es importante que se platique con ellos, pero con la convicción real de que se está conversando para escuchar y entender y no para señalar alguna acción.
El psicoterapeuta Agustín Castañeda habla de la relevancia que llegan a tener las Escuelas para Padres en estos contextos, ya que muchas veces no pueden ayudar porque de entrada no entienden qué pasa con sus hijos.
“Muchas veces esto los aproxima a entender que su hijo o hija necesita a un terapeuta o a un psiquiatra que les pueda ayudar a entender lo que les está pasando. Porque ese es otro grave error, pensar que como es parte de la adolescencia, esto va a pasar y se va a acabar y no es así. A veces lo único que pasa es que se agudiza, o cambia el síntoma y luego sale en otra forma en tiempos posteriores”, dice el psicoterapeuta.