Mi gente, los saludo con todo el gusto del mundo en otra jornada para denunciar las arbitrariedades del tan golpeado deporte lagunero, en el que parece que únicamente así, con estos reclamos públicos, es como reaccionan los involucrados en tantos atropellos.
Hoy estamos disfrutando de una rica lluvia, luego de tanto sufrir con el calorón, ya les había comentado la importancia de mantenerse hidratados, hasta al doble, cuando realicen su deporte, pues ahora, a pesar de que ya no está el clima tan caliente, no se confíen, hay que seguir con todas esas medidas para evitar accidentes, de verdad, no se confíen, menos con los niños, luego el bochorno hace más daño.
Y si de mantenerse hidratados se trata, en los estadios es fundamental, sobre todo con el elixir dorado, pero a veces los vendedores sí se la creen que es oro. Y es que al iniciar un nuevo torneo en el estadio de futbol del equipo local, que por cierto perdió, pero ese es tema de otras columnas, los amigos aficionados pusieron el grito en el cielo, porque se encontraron con un nuevo aumento en el precio de las cheves, que ahora cuestan 120 pesotes y aparte tienes que comprar tu vaso. El razonamiento inmediato de los aficionados, es que compran dos cervezas de 330 mililitros con 120 pesos, cantidad con la que en una tienda de conveniencia pudieran comprarse como 10 botes.
Claro, hay que entender que el precio debe aumentar en los estadios, por la exclusividad y el pago a los empleados y todo lo que implica, ¿Pero en serio es para tanto? Hasta en el estadio Azteca está más barata. Y ni se diga de los refrescos, que esos también se venden a precio de oro. Si el club verde y blanco presume de que escucha mucho y siempre a sus aficionados, aquí simplemente no se ve.
Por otra parte, la semana pasada se jugó un campeonato nacional juvenil de futbol americano en esta bendita Laguna, donde los chavos se lucieron frente a buscadores de talento, procedentes de universidades de todo el país, buscando ganarse una beca estudiantil. Hasta ahí, todo muy bien, pero hasta nuestros oídos llegó la queja de que algunos muchachos laguneros no tuvieron oportunidad de jugar, por el simple capricho de un directivo de liga local. Truncarle a un muchacho la oportunidad de estudiar en una universidad de renombre, mediante su talento deportivo, no solamente es una bajeza, casi debería ser un crimen y parece que la persona en cuestión está condenada a llevárselo hasta el final de sus días. Un muchacho en las aulas y el campo de juego, es un vago menos en las calles, piensen en eso, directivos, antes de hacer sus tonterías de bloqueos.
Ya lo saben, el correo electrónico está disponible y esperando sus quejas y reportes, que esta bonita columna la hacemos todos.
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