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El diálogo de las amebas

Ariadna Estévez publica una novela donde destaca la naturalidad respecto a la visión del sexo

Los personajes dotan de razón a sus vidas y encuentran el sentido profundo del amor en el sexo (CORTESÍA)

Los personajes dotan de razón a sus vidas y encuentran el sentido profundo del amor en el sexo (CORTESÍA)

ILIANA OLMEDO

Existe la creencia extendida, pero no por ello cierta, de que la literatura erótica constituye un subgénero literario. Aquellos que promueven esta idea olvidan obras canónicas de la literatura universal, como El amante de Marguerite Duras, los trópicos de Henry Miller o el clásico de la narrativa española actual, Las edades de Lulú, opera prima de la enorme y recién fallecida Almudena Grandes, que obtuvo el premio La sonrisa vertical (ya desaparecido, pero que durante los años ochenta y noventa del siglo pasado fue tan prestigioso y necesario en la España pacata del posfranquismo, que exigía a gritos un destape). Este debut literario sorprendió a propios y extraños, ya que significó el inicio de una trayectoria que avanzaría a paso firme en la historia de la literatura. Además de que desató el encono de las buenas conciencias y el aplauso de otras.  

También convendría mencionar algunas que forman parte del acervo local y que destacan en la tradición de la literatura mexicana, pienso, por ejemplo, en los cuentos de Juan García Ponce o, más recientemente, en los de Maritza Buendía. Dentro de esta escuela se inscribe la primera novela de Ariadna Estévez, sobresaliente profesora-investigadora que ha desarrollado una importante labor en el estudio de los derechos humanos y la violencia de Estado, en libros como Derechos humanos, migración y conflicto: hacia una justicia global descolonizada (2014) o Guerras necropolíticas y biopolíticas de asilo en América del Norte (2018), y que ahora incursiona en la ficción con El sexo de las amebas (Bakerbooks, 2023). Esta novela narra los encuentros y desencuentros de Simone y Andrés a lo largo de los años, una pareja cuyo vínculo esencial es la armonía con la que ejecutan el sexo.

De hecho, desde el primer capítulo presenciamos una escena en la que se describe con detalle uno de estos intercambios. Los dos personajes se conocen en una tienda de conveniencia en el aeropuerto de Heathrow, en Londres. A partir de entonces desarrollan una fuerte relación que solo fracasa a causa de las divergencias en los proyectos personales de cada uno, hasta que quince años después vuelven a encontrarse gracias a Tinder. Se habían separado en el pasado y se reencuentran en la segunda vuelta, tras sus respectivos divorcios, cada uno con un hijo y muchos amantes, tan ocasionales como fugaces. Estévez construye un relato acerca del deseo, las pasiones, y la respuesta al llamado del alma, como solo lo hacen las grandes novelas sobre la complicidad de las relaciones entre dos personas. Tal como Tostói plantea en Ana Karenina, Flaubert en Madame Bovary o

James M. Cain en El cartero siempre llama dos veces. 

En esta novela destaca la naturalidad respecto a la visión del sexo, marcada por un tono desenfadado, sin solemnidades falsas ni expectativas exageradas acerca de una de las funciones humanas más reprimidas y condenadas. 

Al ritmo del playlist que acompaña con certeza este relato, descubrimos los caminos que se cruzan, entrelazan y separan de esta pareja que quizá no nació para estar junta, en una simplificada fórmula en la que el destino define el amor, pero sí nació para coger. Se trata de una lista deliciosa y diversa tanto como el sexo que estos personajes comparten, disfrutan y llevan a sus últimas consecuencias, y que incluye desde Beyoncé hasta The XX, pasando por Morcheeba, Bob Marley y Los Rodríguez. 

Se cree que solo las amebas son capaces de amar de verdad. De acuerdo con un pasaje extraído de Úrsula K. Leguin, que plantea, según se explica en la novela, que toda buena conversación debe suceder como ocurre el sexo entre las amebas, que al decidir reproducirse con otras, en vez de multiplicarse en solitario (que también pueden), intercambian material genético y se integran hasta formar parte de la otra ameba. Así estos personajes, que dotan de razón a sus vidas y encuentran el sentido profundo del amor en el sexo. 

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