El papel de la mujer en la economía de los países es cada vez más grande. Hay corrientes de pensamiento que proponen conceptos para visibilizar desigualdades, brechas y tareas pendientes en el proceso de reconocimiento del trabajo femenino en favor del desarrollo de las naciones, dentro o fuera del hogar. La economía feminista contribuye en la comprensión del funcionamiento de las dinámicas micro y macroeconómicas con perspectiva de género. La "economía del cuidado" hace referencia a las diferencias provocadas desde el interior de los hogares, pues las mujeres son cuidadoras ? sin remuneración alguna ? del hogar, hijos, adultos mayores, enfermos y mascotas, con elevado costo de no cuidar de ellas física, mental o espiritualmente. A esto se le conoce como pobreza del tiempo.
Cuando la mujer tiene la posibilidad de trabajar fuera de casa generalmente hay desigualdad económica y se agregan cargas mentales a su ya abultada agenda, pues no deja de preocuparse de los pendientes hogareños. Si bien hay hombres que cumplen con su responsabilidad de contribuir con las tareas del hogar, la mujer es la encargada del compromiso de que casa y familia sigan funcionando.
La economía feminista ha visibilizado la relevancia de incluir la perspectiva de género para contabilizar la contribución a la economía desde las distintas labores que desempeñan las mujeres. Se requiere información objetiva sobre aspectos que evidencien la desigualdad de género en la economía. Uno de estos esfuerzos es la Plataforma de estadísticas económicas con perspectiva de género presentada en Jalisco hace unos días, espacio que documenta datos sobre desigualdad económica, acceso a prestaciones, ingreso, población económicamente activa, población desocupada, informalidad laboral, tipo de ocupación, trabajo no remunerado, empleo formal y salarios, todo con el fin de que sea analizada y complementada con información cualitativa y orientar nuevas acciones que reduzcan las brechas.
Si bien hay mucho trabajo por hacer desde la macroeconomía y la agenda gubernamental -lo que involucra acuerdos complicados entre los distintos agentes económicos y sociales para el reconocimiento de la aportación del trabajo femenino-, es responsabilidad de la sociedad hacer conciencia desde cada hogar para que hijas y madres tengan los mismos derechos que hijos y padres, y que todos, como familia, contribuyan al mejor funcionamiento del hogar. Ser ciegos y sordos ante los derechos de las mujeres como agentes sociales y económicos incrementa el abuso, la discriminación y la violencia contra nosotras. Si históricamente la mujer ha luchado contra y a pesar de hombres e instituciones para sacar adelante a su familia, es inimaginable el alcance de una mujer empoderada y reconocida como ser humano tanto como el hombre: con valor social, económico, político o cultural.
Un abrazo a todas las mujeres, símbolo de fuerza y ternura, de lucha y resistencia. Sigamos avanzando para dejar un mejor futuro a nuestras niñas. #8M.
zaide.seanez@iberotorreon.edu.mx