Nuestro recomendado para leer
Una mujer entrada en los cuarenta regresa al pueblo en el que vivió alguna vez en Bretaña, cerca de la pequeña comunidad de Dinard, en Francia. Ahí se encuentra con su antigua maestra de piano: una anciana con una memoria implacable que sigue el rito de su vida con la calma del que aprende a afirmar su condición. Poco a poco Claire, la protagonista, comienza a recuperar su vieja vida. Se muda con su maestra, se reencuentra con su primer y único gran amor, echa raíces y se agarra con firmeza a la naturaleza de sus orígenes. Emprende un viaje hondo, descrito con una belleza desconcertante, hacia el interior de sí misma y poco a poco deja de tratar de comprender el mundo para simplemente habitarlo, contemplarlo. Los personajes que giran en torno a la vida de Claire –una hermana menor que es amante de un sacerdote, una hija a quien no ha visto desde hace veinte años, el mar, las rocas, los silencios y el horizonte– aparecen y desaparecen de la narración mostrando la gran maestría de Quignard para configurar un coro de voces del que emana un canto poderoso que recuerda un tiempo antiguo. Un tiempo que avanza de forma inclemente erosionando todo a su paso. «La vida es el recuerdo más conmovedor del tiempo que ha producido este mundo», nos dice Pascal Quignard en Las solidaridades misteriosas. Las páginas de este libro están pobladas de lo más íntimo que poseemos los seres humanos: nuestra capacidad para encontrar en el otro, en lo otro, el sentido de nuestras propias vidas.
SOBRE EL AUTOR
Pascal Quignard nació en Francia, en 1948. Creció en una familia de gramáticos y de organistas. Cursó estudios de filosofía en Nanterre con Immanuel Lèvinas, Jean-François Lyotard y Paul Ricoeur. Comenzó una tesis sobre el estatuto del lenguaje en el pensamiento de Henri Bergson, pero los acontecimientos de mayo de 1968 lo alejaron de la filosofía y lo acercaron a la literatura. Entre sus inquietudes destaca entonces su pasión por la música barroca y los textos de Lacan, Foucault o Derrida. Quignard trabajó para la editorial Gallimard, desempeñando varios cargos. Recibió el Premio de la Crítica en 1980 y el Premio Goncourt en 2002 por Las sombras errantes.