Quiero palomitas
Hasta el más valiente de nosotros pocas veces tiene valor para enfrentarse con lo que realmente sabe...", así casi inicia Friedrich Nietzsche su opúsculo "La Caída de los Ídolos". Aunque el filósofo alemán nunca hubiera imaginado que su frase iba a ser utilizada para abrir una critica a la nueva película de Indiana Jones, esta le cae como anillo al dedo a la aventura en retiro del heroico profesor de arqueología, que no solo iba en busca de conocer la historia sino de hasta ultrajarla.
Y es que quien ha vivido a la par de esta saga de películas en donde Harrison Ford ha dado su cuerpo y su sangre, sabe que este héroe se convirtió en el crisol de varias generaciones. Nace y se nutre de los 80's, época en donde los héroes estaban en una galaxia, muy muy lejana (de hecho, Ford pertenece a esa franquicia), o por regular tenía que manejar armamento pesado porque tenía brazos anchos (Stallone, Schwarzenegger, los Almada, etc.), pero George Lucas y Steven Spielberg decidieron dotar a este profesor de elementos con los que ellos crecieron. Hasta cierto punto fue el arquetipo de protagonista de acción que se sugirió en la literatura y en el cine de los años 50's, combinado elementos del western de los 60's y aderezado con la ironía y desparpajo del personaje masculino de los años 70's.
Pero a pesar de esta construcción que este personaje, el tiempo también le ha pegado a Indy. En un mundo que se olvidó de la Guerra, la estela de los nazis se ha extinguido o bien se disipó en el avance científico y tecnológico de varias potencias. Pues ya previo a su retiro el profesor Jones ve con desánimo como su arma más poderosa, el conocimiento, ya no les dice nada a las nuevas generaciones, que confunden la magnesia con la gimnasia. A punto de salir de la universidad, la institución en retribución a su labor le regala un reloj como para decir ahora si ten todo el tiempo que quieras.
Sin embargo, el pasado lo persigue, ya que al inicio de la película nos muestran como Indy arriesga la vida y la de su colaborador Basil Shaw por obtener la Lanza de Longinos (otro objeto religioso que tiene poderes sobrenaturales como en las pasadas entregas de la saga de Jones) pero que en realidad se intercambia por la aparición de la mitad del Mecanismo de Anticitera, un artefacto que podría abrir portales que rompen el tiempo y el espacio. Como siempre el protagonista la libra frente a los nazis y frente al trabajo de CGI porque, efectivamente, pudimos ver a Harrison Ford más joven gracias a la ingeniería y a la computación.
Se encuentra con Helena "Wombat" Shaw, hija de su colaborador, quien le roba el Anticitera para tratar de hacer algo que nunca haría Indy, sacarle provecho a la historia de unas cuantas monedas. De ahí arranca la aventura, regresando a la fórmula ya conocida, el aventurero estará en situaciones límites, exponiendo su vida con la idea de salvar a la humanidad, pero con una condición con la que no contábamos, este Indy de los años 60's (y para nosotros de nuestros 20's) está totalmente vulnerable, con muchas pérdidas alrededor: su hijo muerto en la guerra (ni modo mi estimado Shia LaBeouf, así es Hollywood), su esposa le ha pedido el divorcio, no tiene compresión por el entorno que ya lo está orillando a entregarse a esperar a la muerte.
Posiblemente este estado de crisis sea uno de los elementos que condicionan nuestra percepción, de que esta se convierta en la última aventura y por tanto nos estemos despidiendo de nuestro héroe no de la mejor manera. Y es que el discurso que manejo por muchos años esta franquicia para estos tiempos cínicos ya no tiene cabida, porque las formas de personajes como Indy están políticamente incorrectos, a pesar de su aporte al entorno para la sociedad de lo que somos ahora. Aquí es donde se vuelve interesante la lectura, el héroe se confronta a lo que él formó, a lo que él hizo con tal de que el mundo se mantuviera funcionando como se esperaba que fuera y en donde podíamos encontrar a los malos siendo malos y a los buenos siendo buenos.

Por ello el contra peso de Helena Shaw, con una maravillosa Phoebe Waller-Bridge (mejor conocida y amada por la serie de Fleabag), es potente. No es que sea un Indy en versión femenina, sino que es capaz de ser una nueva forma de ser heroína que pudiera hablar de forma distinta a las nuevas generaciones. Es una chica de personalidad fuerte, que sabe de lo que habla, no busca complacer o atenerse a lo que se esperaría que ella fuera (el destino para lo que uno fue "creado), no tiene miedo a nada, no elige a sus amigos en cuanto a su nivel de bondad o maldad, simplemente se da al encuentro, y algo importante esta mujer ya no llora, esta mujer ya factura.
También hay que señalar que la actuación de Mads Mikkelsen (nuestro meme favorito de "esto es cine"), Antonio Banderas y Toby Jones, a la altura, mostrando sus años de experiencias, sus matices y sus recursos, que hacen que la película no se caiga del todo. De hecho, coincido en que a Antoñito le debieron de dar más juego y no casi un cameo. Este Malagueño en altamar se transforma, aunque Hollywood solo le ha ofrecido el antagonista de Bob Esponja.
El adiós de Indy es más íntimo, por ello las explosiones, las persecuciones, la famosa escena con animales poco agradables no saben igual. Por ello el cuerpo de nuestro héroe es el álbum de todas sus victorias y de todas sus derrotas. Por eso le duele le duele el corazón; no hay suficiente fuerza para levantarse y continuar. Y aunque quiere cumplir su sueño, la realidad es como un golpe, no te puedes escapar de esta. Es la confrontación con su propio mito. Por eso la voz de Nietzsche se vuelve a escuchar, no en un discurso posmoderno o de posverdad, sino en uno Demasiado Humano. Respetos por siempre a Indiana Jones, quien por algunos ayeres nos tuvo "hasta la banana".