La Corte Suprema de EUA es el faro de la política estadounidense. Las grandes decisiones que han conformado a ese país se han generado en representación del Poder Judicial. En los últimos días la Corte, considerada la más conservadora de los últimos tiempos, había dado algunas señales de pluralidad, en materias electoral, de salud pública y de integración racial que asombraron al sector conservador y alumbraron el camino de los liberales.
No obstante, fue sólo flor de un día. Ahora que escribo estas líneas ha dado un vuelco al país. En una sorpresiva e inesperada decisión consideraron inconstitucional una práctica académica de hace casi 60 años. Consistía en que los estudiantes que pertenecen a un grupo social o étnico han tenido mejores oportunidades para ingresar a las universidades que los aspirantes que no forman parte de las comunidades negra, hispánica o latina. Por tanto, la Acción Afirmativa pretendía situar en igualdad de circunstancias a quienes por su origen, raza o condición son desiguales (en México decimos piso parejo).
Una organización de estudiantes cuyo nombre lo explica, Students for Fair Admissions, llevó al Poder Judicial federal dos casos en contra de la Universidad de Harvard y de la Universidad de Carolina del Norte. La primera es una universidad privada, la más acreditada en el mundo legal de EUA: de los nueve jueces de la Corte Suprema, cuatro estudiaron en Harvard, incluyendo a John Roberts, su presidente; la segunda, una reconocida universidad pública. La estrategia de haber demandado a dos universidades pública y privada se sustenta en que la decisión esperada afecte, como ya afecta, a todo el espectro académico de la educación superior en EUA. Salvo la educación militar.
El argumento es que la práctica de la Acción Afirmativa de las universidades viola la Enmienda 14 que contiene la Cláusula de Protección Igualitaria y constituye una desventaja para los aspirantes blancos y asiáticos a ingresar a las universidades. La exclusión de los asiáticos de la Acción Afirmativa es en razón de su mejor desempeño académico por presentarse a las pruebas de admisión con mejores calificaciones académicas.
La decisión a la que se opusieron dos universidades tuvo contenido ideológico. Seis jueces conservadores votaron para derribar la Acción Afirmativa y tres liberales: Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jack- son, votaron en disenso. El presidente de la Corte Suprema señaló en opinión mayoritaria que los estudiantes deben ser tratados con base en sus experiencias como individuos y no sobre la base de la raza a la que pertenecen. Las universidades han utilizado un criterio distinto. Textualmente escribió: "Al hacerlo [las universidades], han llegado a la conclusión errónea de que la piedra de toque de la identidad de un individuo no son retos superados, las destrezas adquiridas o lecciones aprendidas, sino color de su piel".
Sotomayor, originaria de Puerto Rico y una de las cabezas liberales, señaló: "La Corte va en contra de décadas de progresos y precedentes trascendentales (...) Al hacerlo, la Corte materializa una regla superficial que no mira el color como un principio constitucional en una sociedad endémica, segregada, en que la raza siempre ha importado y seguirá importando". Las universidades han mostrado su criterio contrario, aun cuando han señalado que aceptan y pondrán en práctica la nueva regla constitucional como debe suceder en un Estado de derecho. La decisión cambia una práctica que se antojaba imposible de alterar.
No obstante, quedan excluidas de la interpretación constitucional escuelas militares como West Point o la Academia Naval, con base en la petición del Solicitor General que señaló que en el entrenamiento militar la diversidad racial es un asunto de seguridad nacional. Esto significa que hubo un gran cambio académico, pero la vocación guerrera y militarista de EUA permanece inalterada.