Columnas Social columnas editoriales SOCIALES

Columnas

Vibremos positivo

Con miedo al cambio

LUCY HOP.-

"Nunca vas a conseguir resultados distintos haciendo exactamente lo mismo".

Hemos escuchado esta frase hasta el cansancio, pero, ¿Le ponemos la suficiente atención? ¿Realmente hacemos lo posible por cambiar el resultado de nuestras acciones? Hablamos constantemente de todo lo relacionado al cambio, que si le tenemos miedo, que si nos urge cambiar tal o cual cosa para ser mejores, existen millones de frases increíbles que hablan, explican, argumentan y promueven el cambio.

Y, si bien es cierto que todo eso es verdad, hoy ustedes me van a disculpar pero NO tengo ganas de hablar bonito del cambio.

Porque el cambio duele. Mucho. Nos avienta a lugares que no tenemos ganas de aventarnos. Nos obliga a salirnos de la zona de confort. Nos hace hacerle frente a lo que viene, lo que no queremos que venga, o no sabemos por qué aceptamos que viniera. Nos hace dudar de todo, de todos, de nosotros mismos. Nos preocupa. Nos quita el sueño. El cambio, a veces, da mucho miedo…

¿Por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto que las cosas se muevan? Pienso que tiene que ver mucho, o todo, con eso de saber soltar.

Es increíble que a estas alturas de mi vida, soltar siga siendo una de esas cosas que sigo sin poder hacer sin que me cueste trabajo, muy al contrario cada vez que pienso en dejar algo que no quiero, se me aprieta el corazón.

Y es que sí, son muy bonitas todas esas teorías de dejar ir a las personas y las situaciones de tu vida con amor y agradecimiento y que "las cosas siempre pasan por algo" y que "hay que confiar" y "visualizar" y "un día vas a agradecer todas las cosas que te están pasando" y "vas a crecer muchísimo con todas estas experiencias". Sí, qué bonito y todo, pero con todo respeto, NO ESTOY DE ACUERDO y me enoja tener que simplemente resignarme y aceptar una pérdida así como así.

La verdad es que, nada podemos hacer contra el cambio. Las cosas se mueven. Las personas. Las relaciones. Todo está, efectivamente, en constante movimiento. Los hijos crecen. Los papás se mueren. Los trabajos cambian.

Nos volvemos resilientes ante todo esto, pero eventualmente se nos agotan los recursos y llegamos a la angustia extrema. ¿Y saben una cosa? También se vale. Se vale echarse a llorar por horas, o por días. Se vale decir ¡Así no quiero! ¡Este no era mi plan! ¡Estoy cansada! ¡Tengo miedo! ¡No voy a poder! ¡No quiero que esto pase!

Para poder asimilar los cambios fuertes de la vida, y poder ayudar realmente a alguien, debes permitirle, o permitirte, sentir el dolor, la frustración, el miedo, el coraje, la tristeza, el enojo, lo que sea que estés sintiendo… siéntelo.

Nos obsesiona hacer sentir mejor a los demás, quitarles eso que les duele, salvarlos. Pero se nos olvida que hay algo por lo que todos debemos de pasar cuando perdemos lo que sea que perdamos, tenemos que pasar por un duelo, y este se llama duelo… porque ¡D.U.E.L.E! Somos la cultura del no sentir. De resolver. De hacer como que no pasa nada. Pretendemos ser siempre positivos, e insistimos en que no pasa nada y que todo es para bien.

Y es que sí, sin duda, todo lo que nos pasa nos enriquece, nos hace más fuertes y muchas veces nos pone en un lugar mejor. Por más horrendo que sea lo que nos este sucediendo, se va a acabar en algún momento, sin embargo, eso no quiere decir que tengamos que ir por ahí siendo un manojo de frases positivas cuando en realidad estamos muy mal por dentro.

Pienso que el primer paso para poder empezar a entendernos con el cambio tiene que ser rendirse ante lo que es, es romperse, dejarse caer para de ahí poderse levantar. Normalicemos que para reponerse de cualquier cosa, primero hay que dejarse sentir mal. Enfrentar los duelos. Atravesarlos. Enojarse con ellos y finalmente poderlos integrar como parte de nuestra vida.

Algunos cambios duelen. Déjalos doler. Y en el proceso, rodéate de gente que te acompañe en tu miseria en silencio o te escuche por horas y de gente a quién puedas pedirle ayuda. Hay que aprender a pedir ayuda. Sin pena. Y si se trata de acompañar, sean esa persona para alguien más, sin tratar de resolverle, sean simplemente un espacio seguro para sentir, una oreja para escuchar y unos brazos para abrazar.

Recuerda que el tiempo en realidad no cura nada… nos curamos nosotros y para eso hay que darse permiso de sentir e irse reconstruyendo un poquito cada día.

Te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales, en Facebook como vibremospositivo, en Instagram como @jorge_lpz, @vibremos_positivo2020 y @yad.rajamim, escribenos a jorge@squadracr.com

Leer más de Columnas Social

Escrito en: Vibremos positivo

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Columnas Social

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2161296

elsiglo.mx