Hace unos días estaba a punto de comenzar mi clase de indoor cycling, no se si ya les había dicho, pero soy coach de esta disciplina que muchos llaman biciantro, y que consiste en bailar al ritmo de la música mientras pedaleas en una bicicleta estática, si no han hecho nunca este tipo de clases se las recomiendo mucho, es muy divertido, terapéutico y además liberas estrés y haces ejercicio, todo al mismo tiempo.
El caso es que ese día, minutos antes de comenzar mi clase, se me acercó una de mis alumnas, a la que por cierto estoy entrenando para que se convierta en coach y me dijo: estoy súper nerviosa de cuando yo sea la que se suba a la bici principal frente a todos y haga el oso o me equivoque, acuérdate que yo no soy artista de cine como tú a la que le vale pararse en frente de todo el mundo y rodar como si estuvieras volando en la bici toda perfecta. Literal me quedé con cara de "what", y pensé para adentro de mí, esta chava cero me conoce, yo no soy para nada como ella me describió.
Me considero una persona introvertida y súper nerviosa, a la que exponerse al escrutinio en cualquiera de sus formas y tomar riesgos de cualquier manera, le cuesta mucho, pero muchísimo trabajo. Me da terror hablar en público, tengo pánico escénico, me muerdo las uñas cada que tengo que convivir con desconocidos, me da mucha pena llegar a lugares donde no sé bien de qué se va a tratar y prácticamente todo me causa una angustia espantosa.
Me da miedo la turbulencia en los aviones, los lugares encerrados, manejar sola de noche, que mis hijas vayan de antro, perderme cuando voy manejando, no llegar a tiempo a una cita, que lean mis columnas, que no lean mis columnas, no cubrir el estándar de calidad que me impongo ante cualquier proyecto, no estar a la altura de la vida, decir una tontería en frente de desconocidos y de conocidos, resolver conflictos, no poder proteger a mis hijas de todo, quedarme sola el resto de mi vida, enfermarme gravemente, perder a la gente que quiero, que le pase algo a mis hijas, el país en el que vivimos, el calentamiento global, lanzarme en un proyecto nuevo sin ningún conocimiento, conocer gente nueva, no conocer gente nueva, las siguientes elecciones, el endiablado mundo en el que vivimos, no poder abrir los ojos, que me salgan arrugas en los ojos, invertir mi dinero, usar mi dinero, ganar suficiente dinero, no ganar suficiente dinero, irme de vacaciones sola, que algo me duela, que mi cuerpo se deteriore, que me estafen, y así podría seguir por horas, porque son tantas cosas las que me dan nervio, ansiedad o simplemente muchísimo miedo.
Ustedes preguntarán: sí, pero y entonces ¿Cómo haces lo que haces y te dedicas a lo que te dedicas? La respuesta más honesta que puedo darles es: no tengo idea.
Y creo, sinceramente, que no soy nadie para darles clases de nada, ni para resolver este problema, porque me parece que el problema, en realidad, no es un problema, sino una condición absolutamente humana que se llama: ser vulnerable. Existir, nos hace estar inherentemente en riesgo de todo, de todos, y de todas formas, permanentemente, y no hay absolutamente nada que podamos hacer al respecto para evitarlo o hacer que deje de suceder.
Lo único que puedo hacer es hablar desde mi experiencia y saber que nadie nos salvamos de las cosas ya sean buenas o malas que están destinadas a sucedernos y es normal tener miedo a lo desconocido y es normal que haya cosas que nos impongan y que nos representen un reto extra.
Dicho lo anterior, jamás hubiera pensado que algún día yo podría dedicarme a lo que me dedico hoy. He constatado que no solo puedo sobreponerme al pánico escénico que me da siempre justo antes de subirme a mi bici en frente de todo el grupo, sino que me divierto y soy una persona muy diferente a la que soy en la vida real, y en frases que nunca pensé decir sepan que lo disfruto de sobremanera y se ha vuelto una fuente de adrenalina sin igual a la cual regreso todos los días y que se ha vuelto una parte central de mi vida y mi desarrollo personal.
Entonces ese día, cuando mi alumna me dejó ver todas sus inseguridades, no hice más que pedirle que cierre los ojos y que me escuchara decirle que todos somos igualmente humanos, falibles, imperfectos, llenos de miedos y cosas que nos quitan el sueño, que yo soy una persona llena de angustias e inseguridades que no hacen más que crecer con los años, pero sucede que con los años también, crecemos nosotros y también nuestra capacidad de enfrentarnos a esos miedos y aprender a manejarlos, o por lo menos saber que no, no te vas a morir en el intento. Y que al igual que yo, ella también va a saberlos manejar para lograr superar la barrera que mentalmente puso entre ella y la bici.
Resulta que, cuando uno enfrenta sus angustias y miedos, cuando se sienta con sus demonios y aprende a invitarles un café de vez en cuando, aprendemos a conocerlos y, por lo tanto, a usarlos como plataformas para brincar a otras partes. Nos construimos encima de ellos. Descubrimos con asombro que, en realidad, siempre podemos ser más grandes que cualquier miedo y que el truco no es deshacerse de él sino de desafiarlo cada vez.
En cuanto a lo de la pena, pues ¿qué les digo? Esa nunca se va a ir, lo que si puedo hacer es crear un personaje y hacer de cuenta que la persona que está en frente del grupo cantando y bailando no soy yo, sino que es un alter ego que yo construí para poder hacer lo que más me gusta, y así la pena se me ha ido quitando, o por lo menos ya no me detiene; he aprendido que lo peor que puede suceder es que no suceda nada y que, asombrosamente, gran parte de las veces funciona, que es mejor hacer las cosas que dejarlas de hacer, que muchas veces lo que funciona es aventarse a la alberca y ya adentro ver cómo nadar y que sí, efectivamente, todo absolutamente todo lo que no te mata, te hace infinitamente más fuerte.
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