La isla de Córcega contiene muchos tesoros que han sobrevivido a través del tiempo. El castaño es uno de ellos. Ha sido una fuente de ingresos. Con una madera muy resistente se han construido estacas para las viñas, suelos, muebles y hasta puertas policromas como la de Piazzole, en Castagniccia, fabricada en 1774. El crepitar intenso de la leña de castaño tiene un aroma y color únicos. Los pueblos de montaña fueron prósperos y la harina era moneda de cambio.
En el interior de la isla, sobrevive un molino que no ha cambiado en absoluto a lo largo de su larga vida. Su nombre: El molino Bonelli.
Funciona a la manera antigua, con la fuerza del torrente que pasa bajo sus piedras pintadas de musgo. Esas viejas y robustas piedras de granito trituran los frutos y los convierten en una harina más o menos fina, según desee el cliente.
El secreto de su fama probablemente se debe a que preparan una harina con un sabor acaramelado inconfundible y agradable. Se debe a un último paso de las castañas en un horno de leña y a un reglaje casi perfecto de las piedras para la molienda.
La familia de Jean Bonelli ama su trabajo, lo hace igual que sus padres y abuelos. A veces, se emociona al recordar un consejo simple, sutil, para mejorar el sabor o la calidad de la producción. Confía en cada una de las piezas del molino, llevan mucho tiempo ahí, inalterables.
¿Por qué continúan ese trabajo artesanal, casi sin tecnología?
Sienten amor por ello, lo consideran un trabajo sagrado. Además, con una sonrisa, confiesan que lo viven como un tributo a sus ancestros.
Muchos descendientes viven con desdén e indiferencia la continuación del proyecto familiar, incluso lo prosiguen como una carga. Para ellos es una fuente de ingresos. Otros, tratan de recrearlo, reinventarlo y construir algo nuevo que tenga el sello y conserve de alguna manera la identidad de sus primeros gestores. Muy pocos como Jean, se vanaglorian de no haber realizado cambios a través del tiempo. Ese amor, más allá del producto, produce una magia, una intensidad única, quizá por eso la harina del molino es percibida como un tesoro. Contiene la conexión de los ancestros con el tributo de sus hijos.
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