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Cuando se tiene el alma rota

GABRIELA ARRIETA

En abril del 2021 escribí una columna que titulé Todos estamos rotos, refiriéndome a aquella frase de Ernest Hemingway: "Estamos todos rotos, así es como entra la luz…".

Pero hoy, quisiera referirme a cuando tenemos el alma rota. Y es que, pensándolo bien, todos andamos rotos por la vida.

Unos se han puesto curitas, otros maquillaje, otros hunden sus heridas en alcohol o en la droga, haciendo olvidar que la herida está ahí, que duele y que arde.

Otros buscan refugio en un dios que los castiga y piensan que todo eso es porque no merecían ser felices ni un solo día de su vida. Otros, en algún momento, se cuestionan: ¿Para qué estamos aquí?

Es así, como cada día me doy cuenta de que todos andamos con el corazón o el alma rota, con las alas rotas, con los ojos cubiertos de nubes que muchas veces no nos permiten ver la luz o simplemente escuchar a Dios con su escandalosa voz, en el amanecer, en las estrellas y en todo lo que nos rodea.

A veces, nos tenemos que quedar ciegos, ciegos como Pablo, o ciegos en nuestro dolor o simplemente ciegos cuando cambiamos las sonrisas amplias por una mueca mal puesta en el rostro.

A veces, necesitamos de esa ceguera para poder confiar, para volver a ver, en y desde el corazón que es el único lugar cierto y seguro.

No sé si saben esta historia, pero el 31 de octubre del 2008, el piloto Jim O´Neil quien en ese momento tenía 65 años, estaba solo y conducía un Cesna en un viaje entre Escocia e Inglaterra y después de 40 minutos, de repente tuvo un derrame cerebral que le afectó precisamente su vista.

Literalmente quedó ciego a mil seiscientos metros de altura. Buscó a tientas la radio y pidió ayuda, porque su condición del habla y del movimiento, no fueron afectados, sólo la vista.

Ante la emergencia, contactaron a la única persona que podría ayudar en una situación como esta, el piloto más experimentado del Reino Unido, el Teniente Coronel de la Fuerza Real Aérea: Paul Gerrard.

Paul salió en su jet y logró localizar aquel avión para hacer contacto con su piloto y decirle que él lo iba a ayudar a bajar.

Cuando Gerrard le pregunta a O´Neil que si podía ver la pista, la respuesta era la misma: "No Señor, no veo nada".

Entonces Gerrard le dice O´Neil que visualice la pista, que él lo va a guiar, pero que necesita que la visualice, como lo ha hecho cientos de veces, cada vez que ha aterrizado en ella.

O´Neil lo intenta, pero cuando está a punto de aterrizar, lo envolvía un miedo terrible y volvía a subir.

O´Neil intenta aterrizar siete veces, hasta que Gerrard le dice que está en la línea correcta, y aunque no ve los controles, Gerard le dice que vuelva una vez más a intentarlo, que se imagine los controles, que conoce perfectamente, pero en esta ocasión le dice algo importantísimo, le dice que CONFÍE, que confíe en él y que él le promete que juntos van a aterrizar a salvo.

O´Neil hace un aterrizaje casi perfecto en su octavo intento, yendo contra todo pronóstico ¡Lo logró!

Más adelante cuando le hacen una entrevista a Gerrard y le preguntan ¿Cuáles eran las posibilidades de que ese aterrizaje fuera un éxito? Miró al periodista y dijo: "prácticamente ninguna", pero había una ventaja, estaba ciego, absolutamente ciego y en algún momento tenía que confiar en lo que yo le decía, cuando se dejó guiar, pudimos aterrizar ese avión".

Sí, yo sé que la historia es conmovedora, no importa cuántas veces nos la cuenten, pero hoy algo me hizo pensar, que todos vamos piloteando un avión, el propio, el que está cargado con nuestras inconsistencias, con nuestros miedos, con frustraciones y dolores, todos embalados en cajas en la parte atrás de ese avión.

Y a veces, como O´Neil, solo nos queda confiar.

Pero ¿Quién va a ser Gerrard en nuestra historia? Bueno, eso dependerá de sus creencias particulares.

Gerrard puede ser una amiga, un extraño, pero al igual que Pablo, Gerrard podría ser en esa historia simplemente Dios.

Así que con estas u otras palabras, hoy le quería decir, que a veces es necesario quedarnos a ciegas, en esa oscuridad que nos consume para tratar, solo tratar de escuchar y ver a Dios en la chispa divina que todos llevamos dentro.

No importa si la negamos o no, no importa si decimos que somos ateos, no importa si pensamos que hemos sido lo peor de lo peor y que no tenemos perdón.

Haga la prueba, déjese llevar por esa luz y tal vez, hasta le podemos entregar el control de ese avión que a veces, con nuestros conocimientos más profundos, no logramos aterrizar, aunque lo intentemos una y otra vez.

Nadie dijo que esta vida iba a ser fácil, nadie dijo que el amor y el apego no duelen, pero a veces, solamente hay que abrazar el dolor y algún día pasará, a veces solo hay que dejarnos llevar pensando que algún día, todo tendrá sentido.

Iniciamos Octubre y me doy cuenta que este año se ha ido como un suspiro.

Aún quedan tres años fundamentales y cruciales para la humanidad en donde probablemente vamos a estar bombardeados por muchas cosas que nos harán cuestionar toda nuestra existencia y nuestras creencias.

Y ya sabe, cuándo no sepa cómo, ni cuándo, ni qué, solamente respire y déjese llevar, que estoy segura de que Dios enviará la luz para que todos volvamos sanos y salvos a casa.

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