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Atrapado en los 70’s

Entre posadas y sonideros

Atrapado en los 70’s

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SAÚL GARCÍA (PACHOLE)

¡Qué tal, mis amigos setenteros! Les envío un saludo cordial y afectuoso, deseándoles desde ya una muy Feliz Navidad y un próspero año 2026.

Es precisamente en estos días de luces y brindis cuando la nostalgia nos asalta. Para quienes ya rebasamos el medio siglo, los recuerdos se asoman a flor de piel, especialmente cuando intentamos seguirle el ritmo a las actividades de nuestros hijos. Nos vemos ahí, inmersos en lo que ellos llaman “música”, tratando de encajar en posadas y reuniones donde las nuevas tendencias mandan.

Es inevitable caer en la comparación: ¿cómo festejábamos en nuestra infancia allá por los setenta y cómo se hace ahora? Hoy, el alma de la fiesta es el “sonidero”, lo que para nosotros era el majestuoso “discoloco” o el sonido disco. Todo ha evolucionado con una velocidad vertiginosa: desde la vestimenta de los chavos y sus bailes extraños hasta su sentido del humor.

En esta agenda llena de posadas —que si los excompañeros de la secu, los de la prepa, los papás del futbol o los vecinos— confieso que mi ritual es siempre el mismo: busco refugio en la mesa de los “míos”. Esa mesa donde habitan personas de mi edad, donde los gustos concuerdan y la plática fluye sin necesidad de traductores.

Ahí, entre el estruendo de los decibeles que hoy están al tope y donde hay que gritar para ser escuchado, trato de encontrar mi lugar en este ambiente festivo.

Recientemente, nos invitaron a cantar en una reunión íntima entre amigos y familiares. Rodeados de suegras, cuñadas y tías, nos sentimos “chavos” otra vez. Preparamos todo con un esmero casi ritual: desempolvamos bocinas, guitarras, maracas, panderos y micrófonos. Estábamos convencidos del éxito; después de todo, nuestro repertorio es puro ADN setentero, ideal para oídos refinados y nostálgicos.

Arrancamos con artillería pesada: “I Don’t Want to Talk About It” y “Starman”. Sin embargo, el público pronto reclamó nuestra lengua y giramos hacia el romanticismo de Sandro con “Porque yo te amo”, el misticismo de Roberto Carlos con “Un gato en la oscuridad” y la voz de Alberto Vázquez con “Pecador”. Pero el destino nos tenía preparada una sorpresa: el clamor popular pedía rancheras y boleros de tríos, terrenos que no dominábamos.

Sin más remedio, soltamos los instrumentos, abrimos los micrófonos y transformamos la noche en un karaoke colectivo. Fue ahí donde la chispa finalmente encendió.

¡Es muy difícil encontrar una fiesta o celebración donde el playlist entero sea de nuestro total agrado! Igualmente, es muy difícil que todo el funk, el disco o el rock progresivo que nos encanta sea del gusto de los demás.

Como bien se dice, “en gustos se rompen géneros”, y es en esta época decembrina cuando hay que ser tolerantes con las generaciones y gustos diversos; ¡incluso podríamos intentar adaptarnos y, por qué no, dejarnos llevar por el ritmo de la música actual, aunque sea por un momento! Tal vez un poco de ABBA o Bee Gees en la mezcla moderna no vendría mal para suavizar la transición.

Esta experiencia nos recordó una lección invaluable: la música es un lenguaje vivo y personal. Cada canción es un disparador de recuerdos distintos para cada alma. Al final, interpretar es un arte, pero compartir el sentimiento es lo que realmente nos mantiene vivos. Porque aunque el mundo cambie y la música suba de volumen, el espíritu de los setenta sigue vibrando en nosotros.

¡Felices fiestas, generación de oro!

Contacto: saulgarciamtz@hotmail.com

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