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MEDIO ORIENTE ante la reconfiguración económica del siglo XXI

Transición energética y el ocaso de la hegemonía occidental

Imagen: Unsplash/ Cedric Dhaenens

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DANIEL GONZÁLEZ

Mientras el bloque BRICS —conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— compite directamente con economías europeas y norteamericanas en el mercado global, Medio Oriente redefine sus alianzas comerciales, impulsa proyectos para aprovechar al máximo su situación geográfica e invierte en nuevos sectores con el fin de disminuir su dependencia al petróleo. Las estrategias adecuadas podrían situar a la región en una posición privilegiada.

La región de Medio Oriente, encabezada por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Israel e Irán, está asumiendo un papel central en la economía. Este bloque estratégico, que provee cerca del 30 por ciento del petróleo mundial, actualmente impulsa inversiones más allá de los hidrocarburos y redefine su futuro en medio de una transición energética global.

Medio Oriente ha sido por décadas el corazón energético del mundo gracias a sus vastas reservas de hidrocarburos, y aún alberga cerca del 50 por ciento de las reservas de petróleo del planeta. Países como Arabia Saudita han financiado su desarrollo con la renta petrolera y hoy pertenecen al G20, mientras que estados más pequeños del Golfo se convirtieron en centros financieros y logísticos de talla internacional. 

A su vez, este territorio ocupa una posición geográfica estratégica como puente entre Europa, Asia y África, controlando rutas críticas de comercio y suministro energético en un contexto de reordenamiento geopolítico. 

Sin embargo, aunque los hidrocarburos representan el 60 por ciento de las exportaciones regionales y el 35 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en los países del Golfo, cada vez pierden más peso debido a la transición a las energías limpias. 

Como respuesta, Arabia Saudita, Israel y Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, han estado transformando su logística, finanzas y tecnología desde 2020, no sólo como una reacción a las urgencias medioambientales, sino anticipando que el bloque comercial BRICS —conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— causará una notable disrupción en la hegemonía occidental. En ese caso, la situación geográfica entre tres continentes se vuelve un activo relevante.

DIVERSIFICACIÓN

Los hidrocarburos de Medio Oriente han patrocinado estados modernos, sistemas de bienestar y arsenales militares desde hace más de un siglo, cuando se descubrieron depósitos en Irán en 1908. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2023 los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) —Baréin, Omán, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita— recaudaron 456 mil millones de dólares en ingresos fiscales petroleros, lo que representa el 28 por ciento del PIB combinado de estas naciones. 

El 35 por ciento de los automóviles vendidos por China en 2024 fueron eléctricos. Imagen: autogeek.com.ua
El 35 por ciento de los automóviles vendidos por China en 2024 fueron eléctricos. Imagen: autogeek.com.ua

Pero ese modelo tiene una fisura evidente, ya que la Agencia Internacional de Energía reportó en 2024 que la demanda mundial del crudo alcanzará su punto máximo al final de la década y luego disminuirá paulatinamente hasta el año 2050. Por otra parte, la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) reveló que el viejo continente redujo las importaciones petroleras de Oriente Medio del 42 por ciento en 2005 al 23 por ciento en 2023, debido a que China ha estado electrificando sus vehículos y, según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles, el 35 por ciento de los coches vendidos fueron eléctricos.

Este panorama se suma a las tensiones internas de Medio Oriente, como el desempleo juvenil, que supera el 25 por ciento a pesar de que el 65 por ciento de la población tiene menos de 30 años de edad. Los subsidios a los energéticos también son un problema. Por ejemplo, en Arabia Saudita representaban el 13 por ciento de su PIB, cifra que es fiscal mente insostenible en el mediano plazo de acuerdo al Banco Mundial (BM), por lo que la diversificación económica es una necesidad.

Las participaciones del petróleo en EAU se redujeron de un 50 por ciento en el año 2000 al 30 por ciento en 2023, indica su Banco Central, mientras que en Dubái el 95 por ciento de su economía ya recae en sectores como el comercio, las finanzas y el turismo. En los últimos años, este país se ha convertido en un hub tecnológico, atrayendo alrededor de mil 400 millones de dólares en inversiones para esta industria. 

Otro caso de diversificación es Israel, que en 2023 vendió servicios y tecnología por un valor superior a los 58 mil millones de dólares, logrando sostenerse en la innovación: invirtió aproximadamente un 5.6 por ciento de su PIB anual —en México se invierte menos del uno por ciento— en investigación y desarrollo (I+D), lo que representó la cifra más alta del mundo. Hoy la ciudad de Tel Aviv cuenta con más de ocho mil startups, más que toda América Latina junta. A esto se suman los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020, con los que Israel estableció relaciones con Baréin y Emiratos Árabes, ampliando el comercio regional. 

En 2016, Arabia Saudita, que es el mayor exportador global de petróleo, lanzó el plan Visión 2030 con el objetivo de reducir su dependencia del crudo al 50 por ciento del PIB hacia el final de la década, estableciendo un fondo soberano de 700 mil millones de dólares para invertir en turismo, ocio y tecnología. En este contexto, no se puede perder de vista su megaproyecto NEOM, un desarrollo urbano completamente planificado cerca del Mar Rojo, con una extensión territorial similar a la de Bélgica y con un presupuesto de 500 mil millones de dólares. 

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por Medio Oriente pasa el 30 por ciento del comercio marítimo del planeta. Solamente el puerto de Jebel Ali, en Dubái, mueve 14.1 millones de TEU —espacio ocupado por un contenedor estándar de 20 pies—, y el Canal de Suez moviliza mil 320 millones de toneladas de mercancía cada año. De este modo, ubicarse justo en la unión entre Asia y África es una ventaja estratégica renovada, ya que Asia genera el 60 por ciento del PIB mundial y África es el continente con mayor crecimiento demográfico actualmente. 

¿DÓNDE QUEDA OCCIDENTE?

El bloque BRICS, que en 2024 formó lazos mercantiles con Egipto, Irán, Arabia Saudita y EAU, ya genera el 36 por ciento del PIB mundial y ofrece a Oriente Medio una alternativa al sistema financiero occidental dominado por el dólar.

Arabia Saudita, aliado histórico de Estados Unidos, actualmente se encuentra negociando con su principal comprador, China, para venderle petróleo en yuanes, lo que representaría el 25 por ciento de las exportaciones saudíes. 

Otro aspecto relevante es que el 80 por ciento del comercio físico de oro en el planeta pasa por Emiratos Árabes, lo que convierte a este país en el centro financiero del momento.

Por más de un siglo, Medio Oriente ha basado su economía en los hidrocarburos.
Imagen: Freepik
Por más de un siglo, Medio Oriente ha basado su economía en los hidrocarburos. Imagen: Freepik

Sin embargo, esto no implica una ruptura con Occidente. Según el Stockholm International Peace Research Institute, Arabia Saudita compra armas a Estados Unidos por un valor de 120 mil millones de dólares; además, Israel depende de la ayuda de Washington y EAU alberga bases militares norteamericanas. Pero la estrategia es clara para Medio Oriente: hacer más alianzas para ganar una mayor autonomía, como lo manifestó el ministro de Exteriores de EAU, Abdullah bin Zayed, al decir: “No elegimos entre Oriente y Occidente, elegimos nuestros intereses nacionales”. 

Esta nueva configuración se ve reflejada a través del corredor económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), que fue anunciado en la cumbre del G20. El proyecto unirá puertos de la India con el Golfo Pérsico por ferrocarril y, desde ahí, continuará por mar hasta Europa. Se trata de una iniciativa que busca rivalizar con la Ruta de la Seda china, creando una alianza comercial entre Arabia Saudita, Estados Unidos, Israel, India, EAU y la Unión Europea, acuerdo impensable hace una década.

ATENDER EL CAPITAL HUMANO

Para lograr una diversificación económica efectiva se requiere de capital humano, un área que todavía presenta rezagos en Oriente Medio. Por ejemplo, la tasa de participación laboral femenina es de tan sólo el 20 por ciento, la más baja del mundo. 

El nivel educativo es otro problema en la región, que obtuvo los menores promedios en ciencia y matemáticas en la prueba PISA —evaluación internacional que se aplica a estudiantes de 15 años de edad—, al mismo nivel que América Latina. Según el Banco Mundial, la fuga de cerebros es constante: la migración de universitarios es superior al 50 por ciento, por lo que el talento extranjero es vital para desarrollar los proyectos de la zona. 

Además, las tensiones geopolíticas son constantes, como la guerra en la Franja de Gaza, los ataques hutíes a barcos en el Mar Rojo y las fricciones entre Irán e Israel, que amenazan con convertirse en una guerra que paralizaría las inversiones en dichos territorios. De acuerdo con Freedom House, sólo Túnez e Israel se pueden considerar naciones libres, mientras que el resto de los países de esta zona geográfica podría clasificarse como autocracias.

La relación entre libertades civiles e innovación tecnológica es importante como detonante del desarrollo. 

PREPARARSE PARA EL FUTURO

Pareciera ser que, desde la descolonización de Oriente Medio, el actual es su momento más incierto, ya que el modelo económico que sustentó su crecimiento durante casi un siglo —vender hidrocarburos y comprar todo lo demás— se está agotando rápidamente. El punto no es si debe cambiar de modelo, sino qué tan rápido es capaz de realizar esa la transición. 

Los activos con los que cuenta son concretos: un importante capital acumulado en dólares para la inversión, una situación geográfica favorable, una población joven y estabilidad en sitios como Emiratos Árabes o Arabia Saudita; pero entre sus pasivos se encuentran los sistemas de gobierno autoritarios, el déficit educativo y una serie de conflictos ancestrales enquistados. 

Si las reformas sociales avanzan sin estallidos de violencia y si los conflictos se resuelven por vías diplomáticas, la integración regional puede concretarse, alcanzando una amplia ventaja respecto a otras naciones que muestran signos de debilitamiento en su economía.

El G20 anuncia el proyecto del corredor económico India-Medio Oriente-Europa. 
Imagen: Departamento de Prensa de India
El G20 anuncia el proyecto del corredor económico India-Medio Oriente-Europa. Imagen: Departamento de Prensa de India

En síntesis, el futuro de Medio Oriente estará definido por su capacidad de adaptarse y liderar en un mundo postpetróleo, así como por su habilidad para navegar un orden internacional en transformación. Para lograrlo cuenta con recursos financieros extraordinarios y una posición geográfica privilegiada. Si consigue traducir esos activos en innovación, cooperación y desarrollo sostenible, consolidará su rol como actor clave de la economía global en el siglo XXI.

danerto@hotmail.com

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