Negligencia y posible desvío de recursos causaron descarrilamiento: CMIC
El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca muestra que las obras ferroviarias impulsadas en el sexenio anterior presentan deficiencias graves en materiales, planeación e ingeniería, advirtió Eugenio Williamson Yribarren, ex presidente de la CMIC Coahuila Centro Norte.
El exdirigente empresarial señaló que múltiples tramos fueron ejecutados bajo esquemas acelerados, sin personal calificado ni supervisión técnica especializada, lo que hoy genera riesgos operativos. En entrevista, Williamson Yribarren afirmó que varios proyectos se asignaron mediante mecanismos fast track, dejando fuera a constructoras con experiencia comprobada en infraestructura ferroviaria.
Indicó que esta situación derivó en obras realizadas por empresas sin especialización, lo que impactó directamente en la calidad de los trabajos y los materiales utilizados. Explicó que constructores de distintas regiones del país manifestaron preocupación por el uso de insumos de dudosa procedencia y baja certificación técnica.
Entre los señalamientos destacó problemas en el balasto ferroviario, elemento fundamental para evitar desplazamientos de rieles y descarrilamientos en operación continua. Añadió que también existen cuestionamientos sobre la calidad del riel utilizado, presuntamente de origen chino, con especificaciones inferiores a los estándares internacionales.
Subrayó que un riel ferroviario debe cumplir certificaciones estrictas para soportar velocidades de entre 40 y 60 kilómetros por hora sin deformarse estructuralmente. El ex presidente de la CMIC recordó que el balasto cumple una función esencial para distribuir cargas y mantener la estabilidad de la vía férrea.
Señaló que deficiencias en estos componentes incrementan significativamente el riesgo de accidentes, como ya se ha evidenciado en incidentes recientes. Williamson Yribarren consideró positivo que se analice una campaña para sustituir tramos de riel, aunque advirtió que esto confirmaría fallas en la obra original.
Atribuyó estas deficiencias a la falta de planeación integral y a la ausencia de estudios técnicos previos, indispensables en proyectos de gran escala. Expuso que una obra ferroviaria requiere estudios de mecánica de suelos, impacto ambiental, ingeniería básica y ejecutiva, procesos que suelen tomar meses o años.
Sin embargo, señaló que por decisiones políticas se omitieron etapas clave, sustituyéndolas por autorizaciones rápidas sin sustento técnico suficiente. “El barato sale caro”, afirmó, al señalar que ahorrar en materiales o especificaciones termina generando costos mayores en correcciones y mantenimiento.
Negligencia y posible desvío de recursos
El exdirigente empresarial advirtió que el uso de materiales de menor calidad abre la puerta a posibles malos manejos en la adquisición de insumos.
Indicó que cuando no se exigen especificaciones técnicas claras en los catálogos de conceptos, se facilita la compra de productos más baratos y deficientes. Esta práctica, dijo, no solo afecta la durabilidad de la obra, sino que puede implicar responsabilidades administrativas y penales si se comprueba negligencia.
Williamson Yribarren señaló que muchos proyectos no fueron ejecutados por empresas afiliadas a la CMIC, pese a contar con experiencia y capacidad técnica. En varios casos, apuntó, las obras quedaron bajo responsabilidad de dependencias federales, incluyendo al Ejército Mexicano, sin el perfil especializado requerido.
Reconoció que será tarea de peritos especializados dictaminar las causas exactas de los fallos detectados en las vías y trenes. No obstante, insistió en que los riesgos deben corregirse de inmediato para garantizar la seguridad de los pasajeros que utilizan estos sistemas de transporte.
Recordó que ya se han registrado decesos y personas lesionadas, hechos que obligan a una revisión profunda de las condiciones operativas. El ex presidente de la CMIC cuestionó también la antigüedad del material rodante utilizado en algunos proyectos, que según versiones públicas supera las tres décadas.
Afirmó que los mexicanos merecen explicaciones claras, al tratarse de recursos públicos provenientes del pago de impuestos. Subrayó que las obras públicas deben ofrecer servicios de calidad y no representar un peligro para la población usuaria.
Finalmente, atribuyó estos problemas al “capricho” de imponer proyectos sin respaldo técnico ni consulta con especialistas. Reiteró que la falta de estudios adecuados y la premura política generan consecuencias costosas y riesgosas que hoy están saliendo a la luz.