Atrapado en los 70’s: El descuido de la nostalgia
La radio actual atraviesa un proceso de transformación profunda donde las nuevas tecnologías dictan las reglas del juego. Sin embargo, en esta carrera por la modernización, se ha olvidado una premisa fundamental: el auditorio no es una masa uniforme. Cada ciudad posee su propia identidad, su ritmo y sus costumbres. En particular, la radiodifusión en la Comarca Lagunera tiene características, metas y proyecciones que la hacen única, pero que hoy parecen estar en el olvido por quienes dirigen los micrófonos.
Hablamos exclusivamente del auditorio de Classic Rock en inglés; nos referimos a un público conocedor. En nuestra región, las generaciones que transitamos desde los sesenta hasta la actualidad no somos oyentes pasivos; somos melómanos que seguimos buscando una propuesta sonora que cubra nuestras expectativas. No nos conformamos con que se programen las mismas canciones de siempre en un ciclo infinito.
En este momento de la historia, se necesita mucho más para dar la pelea a las plataformas digitales. Spotify o YouTube nos ofrecen todo, menos el lado humano; nosotros buscamos ese toque de saber que, del otro lado de la bocina, hay personas vibrando con nosotros y no un algoritmo frío o un robot programado.
Sinceramente, siento que hay un desinterés alarmante en las estaciones insignia de Classic Rock en la región. Los medios están ahí, la infraestructura existe, pero falta la intención verdadera de hacer radio para este nicho. Recientemente, se instaló una propuesta radiofónica con una idea que hace mucho no teníamos: locutores conocedores en vivo, dinámicas que se sentían frescas, un catálogo amplio y cortinillas atractivas con una programación bien estructurada. Inmediatamente se generó un revuelo; en el círculo de melómanos laguneros los comentarios fluyeron con esperanza. ¡Por fin llegaba lo que tanto tiempo habíamos esperado!
Sin embargo, poco a poco, el ánimo de ese público conocedor que vivió en la Comarca las épocas doradas de los setenta se ha ido apagando. ¿Por qué? Por la falta de identidad. Me explico: la propuesta puede ser buena y la música excelente, pero la esencia no es de nuestra región. Aquí el radioescucha, tal como ocurre con el futbol, es sumamente exigente. Necesitamos un producto hecho aquí para ser escuchado aquí. Al final del día, para escuchar estaciones de cualquier parte del mundo con excelente programación técnica, tenemos internet. El lagunero se aleja del medio cuando siente que no hay esmero local, porque la fidelidad del auditorio maduro aumenta solo en la medida en que percibe dedicación y cuidado en lo que se le entrega.
Se cree, o así es, que la solución fácil sería cambiar de concepto musical, poner cumbias o reggaetón para asegurar el éxito económico, mientras nuestro nicho sigue en el olvido. Esa falta de cariño hacia la radio de nostalgia es evidente en la propuesta local que encabeza el Classic Rock: escuchamos jingles, cápsulas e identificaciones que son los mismos de hace cinco o hasta más años; el repertorio es dolorosamente repetitivo y el locutor, carente de un guion o una mínima preparación del tema, se limita a lanzar al aire la hora y el nombre de la canción. No hay programas temáticos, no hay una secuencia musical lógica; es una programación ejecutada por máquinas, y el oído educado lo nota de inmediato.
Si ya lideras este estandarte, ¡hazlo con pasión, no a medias!
Es imperativo enfocarse en este sector que añora y está sediento de calidad. Ese auditorio compuesto por gente que ronda de los cincuenta a los ochenta o más, seguimos vivos y presentes; anhelamos una emisora que nos devuelva lo que alguna vez tuvimos y que nos hable de frente, sin la frialdad de un robot. Hay que explorar el vasto catálogo de canciones desde los sesenta hasta los noventa; hay material enterrado que daría para no repetir un solo tema en semanas. Es flojera, falta hacerlo con amor, con dedicación, con creatividad en las cortinillas, en los jingles, en la programación; que lleguen al corazón de nuestra generación.
Necesitamos voces autorizadas que aprecien la música, que sea de su gusto, que no solo den el título, sino que aporten contexto, una anécdota o la historia detrás de la pieza. Pero que lo hagan por convicción, por vocación y no solo por un sueldo.
Existen perfiles con una profunda calidez humana y conocimiento que lo harían incluso por el puro gusto de rescatar la cultura radial.La Laguna no es Monterrey; La Laguna tiene su propia voz, su propia historia radiofónica.
Es triste ver que las estaciones que hoy representan este movimiento del Classic Rock solo están flotando sin rumbo, sin ambición de altura. Ojalá alguien sacuda esta estructura y se atreva a entregarle un producto digno a la gente madura y de gusto refinado que tiene la identidad lagunera tatuada en el alma.
Contacto: saulgarciamtz@hotmail.com
