Atrapado en los 70s: I’m not in love
Hay temas que funcionan como el eco de una etapa de tu vida y te devuelven a un momento específico, pero existen otros que te proyectan a una dimensión ecléctica; cierras los ojos y de pronto vuelas en un cosmos de sonidos y sensaciones mágicas y etéreas. Escuchar “I’m Not in Love” es una travesía auditiva inigualable.
Fue ideada por el cantante Eric Stewart y lanzada en 1975 dentro del álbum “The Original Soundtrack”, un disco que hoy cuenta ya con 51 años de historia y se consolida como una de esas obras únicas en cada detalle técnico. En un tiempo donde el audio era puramente analógico y se debían inventar procesos artesanales dentro del estudio, la pieza se puso a la altura de una “Bohemian Rhapsody”.
Para otorgarle la magnitud que requería, crearon algo que hoy parecería sencillo de producir, pero que en los setenta demandó una creatividad absoluta. Era el amanecer de las consolas de 24 canales, donde se combinaban sonidos independientes, y estos genios británicos llevaron esa tecnología al límite en una ambición sonora sin precedentes, convirtiéndola en uno de los grandes clásicos de la historia.
“I’m Not in Love” es de esas piezas que no tienen urgencia por arrancar ni por terminar; de las que exigen cerrar los ojos para ser apreciadas. Eric Stewart compuso la letra como una réplica a su esposa, con quien llevaba ocho años de matrimonio, pues ella le cuestionaba por qué jamás le decía que la amaba. Stewart les mostró la idea a sus compañeros, pero ellos la sintieron demasiado simple; estaba proyectada como un ritmo de Bossa Nova y decidieron descartarla sin darle importancia.
Sin embargo, en la mente de Stewart la melodía seguía vibrando de una forma que los otros no percibían, pues él la sentía de un modo especial. Una vez que lo oyeron tararearla de nuevo, le advirtieron que debía crear algo extraordinario con esa base para poder grabarla, ¡y vaya que lo consiguieron!
Si prestas atención, la base está construida casi únicamente con sus propias voces entrelazando armonías, acompañadas de forma muy sutil por una guitarra eléctrica y un piano; en un tramo breve aparece un bajo, pero todo ocurre sin batería, usando solo un efecto de bombo que imita los latidos de un corazón. Para alcanzar ese resultado, fabricaron bucles de cinta con los que repitieron durante tres semanas un “ahhh” 16 veces por cada nota, formando una orquesta de 48 voces en cada uno de los 12 tonos cromáticos. Así generaron ese sonido etéreo tan particular que nos sumerge en una atmósfera de ensueño.
Más tarde, en un ensayo, Kevin Godley sugirió incluir la frase: “big boys don’t cry”, lo que añade otro pasaje mágico al tema. Esa línea debía ser susurrada por una voz que pareciera un hada de los sueños, pero no encontraban a la persona indicada. En medio de una sesión, la secretaria de los Strawberry Studios en Stockport los interrumpió con un susurro para avisar de una llamada telefónica; fue en ese instante cuando hallaron la voz perfecta. Así completaron esa obra maestra, quedando el susurro de Kathy Redfern para la posteridad como un sello de los setenta. Como agradecimiento, los músicos le regalaron un disco de plata del estudio.
En Gran Bretaña, la canción salió en una edición de seis minutos, mientras que en Estados Unidos la versión de radio fue recortada a tres minutos y medio. La lírica retrata a un hombre que le asegura a una mujer que no la ama: “No estoy enamorado, es solo una fase tonta por la que paso”, o “No me llames, no quiero que mis amigos crean que estamos juntos”. Dice también que la foto de ella en su pared solo sirve para ocultar una mancha; es un ejercicio de autonegación para esconder su vulnerabilidad, reforzado por la voz femenina que repite que los niños grandes no lloran, reprimiendo ese sentimiento de afecto. Sobre el nombre de la banda, existe el mito de que 10cc representa el volumen promedio de una eyaculación, pero es solo una leyenda urbana.
Sus cuatro integrantes originales eran expertos multiinstrumentistas, vocalistas, autores y productores.

Eric Stewart colaboró activamente en varios álbumes de Paul McCartney durante los años ochenta, participando en discos como “Tug of War”, “Pipes of Peace”, “Give My Regards to Broad Street” y “Press to Play”. La relación se fracturó cuando el ex-Beatle le hizo un desaire, minimizando su trayectoria al cuestionar cuánto tiempo había pasado desde su último éxito.
Afortunadamente, los cuatro pilares originales de 10cc siguen con vida hoy: Eric Stewart (81 años), Graham Gouldman (79 años), Kevin Godley (80 años) y Lol Creme (78 años). Gouldman continúa liderando la banda en giras actuales, mientras que los demás siguen activos en sus respectivos ámbitos creativos, manteniendo intacto el legado de una de las agrupaciones más innovadoras de la historia.
Contacto: saulgarciamtz@hotmail.com