Bienvenido 2026
Conservar el pesimismo de la inteligencia para analizar la realidad con honestidad y rigor; apuntalar el optimismo de la voluntad,para combatir la pasividad y el cinismo que paralizan. Antonio Gramsci
“A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo, me bastan mis pensamientos”, Lope de Vega en mi memoria... Basta ya de bacalao y romeritos. Lo que quiero esta noche es una quesadilla y una cerveza, el Canon de Pachelbel para musicalizar mi cena y sólo mis recuerdos para acompañarme. Y no, que nadie me tenga lástima; no es falta de Navidad, sino sobra. Ahora celebramos cuando y con quién se puede.
Mis Navidades comenzaron en noviembre con un viaje a Xochimilco para traer las flores rojas y frescas que anticipan las fiestas. Adorné con grandes esferas el pino que sembré pequeñito y hoy, convertido en un señorón, preside mi casa. Dispuesto el escenario, comenzaron los festejos: el fin de curso de mis talleristas con intercambio de libros y una comilona, regalos y cena con mis hermanas, otra celebración con las amigas entrañables que me han acompañado tantísimos años, la Navidad en familia con hijos, nietos, nueras, “nueros” y algún amigo que se nos pegó. Total, para el 24 de diciembre, los festejos navideños me habían agotado.
Y si bien mis hijos emigraron —este año tocaba con sus familias políticas—, tuve dos o tres buenas opciones para pasar la noche con amigos, aunque la más atractiva fue la personal pijamada en mi habitación propia y con la calefacción a todo lo que da. Media botella de vino y las seiscientas páginas de La muerte de Virgilio, de Herman Broch, me convencieron de que lo que mi cuerpo pedíaera entregarse a mis amadas pantuflas. Al día siguiente, el milagro del sol en Acapulco, la inquebrantable alegría de la gente que nunca pierde la fe en el bello puerto y la magnífica fiesta de luces pirotécnicas con que se recibeel año nuevo.
Ahora, en paz y agradecida, no encuentro nada mejor para inspirar el año que comienza, que rezar en voz alta para escucharme bien: “Si una pequeña palabra mía/ puede iluminar una vida,/ si una pequeña canción mía/ puede aligerar un corazón/, Dios me ayude a decir la pequeña palabra/ y a tomar mi pequeña canción/, y soltarla en un hermoso valle/ para que resuene su eco.// Si un pequeño amor mío/ puede endulzar una vida,/ si un pequeño afecto mío/ puede conseguirme un amigo,/ si una pequeña ayuda mía/ puede facilitar la carga de otro,/ Dios me dé amor y fuerza/ para ayudar a mi hermano fatigado”.
Se trata de un sencillo acto de fe que me prepara para asumir los misterios y sorpresas que el año nuevo nos reserva. Vamos hacia un tiempo y un espacio donde nunca hemos estado y donde no hay lugar para los pusilánimes. Un mundo alborotado y de mecha muy corta, en el que los derechos humanos enfrentan serias amenazas, necesita ciudadanos bien templados.
Hoy toca afirmar la vida, darla por buena aunque ello no equivalga a considerar buenos cada uno de los episodios y factores que incidentalmente concurren en ella. La verdad rara vez es agradable, casi invariablemente es amarga, pero es necesario reconocerla entre tanta paja… Pero eso será hasta que el nuevo año despegue y la vida retome su ritmo. Por ahora, en esta primera notadel año, debo mostrarme optimista y lo estoy intentando.
Que el 2026 traiga para usted, pacientísimo lector, lectora, momentos luminosos, deseos por cumplir, tentaciones en las que caer, disposición a lo remoto, a lo diverso, a lo cambiante, y muchas preguntas. Si además quiere un año de buen sexo, le recomiendo la lectura de El arte de amar de Ovidio.
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